Othello

Marta Pazos y Fernando Epelde intervienen la obra de Shakespeare dándole mayor protagonismo a Desdémona

Othello - Foto de Estela Melero
Foto de Estela Melero

Enmendarle la plana a William Shakespeare; pero envolviéndose a su vez con su prestigioso marchamo autoral. Quizás lo pertinente sería repudiar y abandonar esta obra, pues en ella, de forma horrorosa, se asesina a una mujer. Uno ya se harta de que el mismo discurso, como un engrudo de seudofilosofía feminista, sin desarrollo, sin cuestionamiento de la realidad, anclado en repeticiones de términos vacíos y falaces, ya convertidos en tópicos que repite todo el mundo como un mantra, valga para justificar cualquier intervención teatral. Lo llevamos viendo demasiado tiempo sobre los escenarios y claramente falta atajar los conflictos con más enjundia y con una disposición poética que se haga cargo de la complejidad humana. No se puede seguir utilizando al famoso patriarcado como gran chivo expiatorio de cualquier desgracia femenina (y, en cierta medida, masculina). El patriarcado ha terminado. No existen instituciones esenciales en nuestro país que sustenten una cosmovisión que antes sí era refrendada por las familias, por la Iglesia y por el Estado. Sigue leyendo

Siglo mío, bestia mía

El texto simbólico de Lola Blasco sobre un viaje interior se realza con la escenografía acuática de Marta Pazos

Foto de Luz Soria

Que nadie pregunte por qué todo un Premio Nacional de Literatura Dramática en 2016 debe esperar tanto para representarse como corresponde. Lola Blasco viene de presentar su peculiar visión de Mujercitas, y ahora se introduce en su propia obra como actriz. No será fácil para el espectador encontrar las claves propicias para comprender el texto; porque es un teatro simbolista que se aproxima hacia un campo onírico, a través de una utopía, de un no lugar que irremediablemente deberá ser el Mediterráneo. No alcanza el surrealismo; pero sí cierto cripticismo que requiere descodificarse. Encontramos tres fragmentos muy significativos, líricos, potentes, demarcadores de los objetivos primordiales de la dramaturga. Un cuaderno de bitácora intercalado entre las ocho escenas en el que descubrimos pistas fundamentales. Del primero escuchamos (leemos): «Esbozar una sonrisa cuando has dejado descendencia en este mundo produce terror. Tengo una hija». «Estoy escribiendo la historia de un viaje. Mi viaje. Mi siglo. Mi bestia. Es la historia de un viaje y también un alarido, un desamor, una derrota». El problema quizá sea, desde mi punto de vista, que Marta Pazos ha decidido que Blasco se presente en modo Beyoncé rubia a cantarnos y a pasear con baile sugerente, rompiendo el dramatismo brumoso que se ambienta desde el inicio, y, así, el contenido de su bitácora se desvanece. Sigue leyendo