La enciclopedia del dolor. Tomo I: Esto que no salga de aquí

Pablo Fidalgo, en la propuesta que nos descubre en el Teatro de La Abadía, no profundiza suficiente acerca de los malos tratos acontecidos en un colegio marista de Vigo

Esto que no salga de aquíTiene Pablo Fidalgo una forma de entender el teatro que resulta de un compromiso ético (véase Habrás de ir a la guerra que empieza hoy). Es cierto que indaga sobre su propia biografía y que nos la va entregando con métodos propios de la autoficción, del teatro documental y, sobre todo, a partir de un teatro escueto, mínimo, esencialista que, como ha ocurrido en esta ocasión, ha terminado por caer en la simpleza. Uno puede comprender que no se quiera abrir en canal de manera impúdica sobre sus experiencias traumáticas; pero cuesta pensar que se pueda emprender una «enciclopedia del dolor» desde unos planteamientos tan timoratos y prudentes. Huir así de lo escabroso, del morbo, nos obliga a rellenar el trasfondo con todo lo que nos han aportado otras obras artísticas y, también, el periodismo. Fue precisamente un artículo de El País del 31 de mayo de 2021, el que devolvió a nuestro dramaturgo a su pesar e, incluso, a la hospitalización cuando estaba inmerso en la preparación de El libro de Sicilia, que presentó en octubre en el Teatro María Guerrero. Sigue leyendo

En lo alto para siempre

Juan Navarro y Gonzalo Cunill crean una dramaturgia performativa y extraña para recrear el universo del escritor David Foster Wallace

En lo alto para siempre - FotoQuizás haya pocas dudas al considerar La broma infinita (1996) la mejor novela del final del siglo XX; aunque, realmente, cuando uno la lee, más le parece la mejor de nuestra época que aún dura. Que David Foster Wallace se suicidara en 2008 era más que previsible; pues la depresión lo atenazaba y las pastillas que tenía que ingerir para contenerla lo llevaban a pasar meses fuera de juego. Desde entonces, hemos ido descubriendo mucho de su obra inédita, gracias, en parte, a la pequeña editorial Pálido fuego. Sigue leyendo

Billy’s Violence

La Needcompany presenta en el Matadero su antología de violencia shakesperiana en un montaje de claro cariz nihilista

Billys Violence - FotoDesde que me enganché a las películas coreanas de Kim Jee-woon, Park Chan-wook y Bong Joon-ho, y a los vídeos de Britney Spears, me siento anestesiado ante la contemplación de la violencia. Ocurre lo mismo cuando terminas de ver The Act of Killing (pero en la versión del director. No hay que andarse con zarandajas), que un indonesio arriba o abajo te aporta poco. En el arte conceptual el truco consiste en basarlo todo en la cartela, el resto es poner a funcionar la imaginación del espectador; cuanto más culto, más implicaturas y, quizás, más fascinación al observar lo que en la propia obra no se da; eso, si cae en la trampa. Parece conveniente atender al prólogo, por aquello de sacar algo en claro. Maarten Seghers se transmuta en bufón y en director de orquesta, para pulular y componer las músicas y los ruidos, los sonidos que nos induzcan a sostener en la mayoría de los casos la agresividad. Avanza que en la época del bueno de Billy (para los amigos), Londres, como Sevilla, era un lugar repleto de rufianes, de pícaros, de ladrones y de asesinos que sabían emplearse a fondo en cualquier callejón macilento. Sigue leyendo

Vania (escenas de la vida)

Àlex Rigola nos «encierra» con los cuatro personajes principales de la obra de Chéjov, para adentrarnos en la esencia de su angustia

Vania dialoga consigo mismo más allá de sus dramaturgistas. Mientras Daniel Veronese en Espía a una mujer que se mata «encierra» a los personajes del drama en un reducto de apenas unos metros cuadrados; Rigola «encierra» a sesenta espectadores en un gran cajón para toparse con cuatro actores que no renuncian a su nombre y que se aproximan al papel que les toca representar con una engañosa timidez. Lo verdaderamente trascendental de esta adaptación es la búsqueda denodada del poso existencial y, por lo tanto, esa casa de campo rusa, esa dacha luminosa que habitamos, es como un decantador catártico que da cuenta de lo esencial. En aquel 1899 en el que Chéjov publica su Tío Vania, cinco años antes de morir de tuberculosis, se concentran las síntesis del irracionalismo. O acaso no podemos percibir a Kierkegaard, con aquellos dos hombres sumidos en el denominado «estadio estético», buscadores de placer y entregados a la seducción. Sigue leyendo

4

La nueva propuesta de Rodrigo García es una performance desencantada construida con sus habituales procedimientos espectaculares

Foto de Marc Ginot

«Llega la noche como una mierda», comienza. Una mierdra. Pero Jarry queda muy lejos de este mejunje, colección de tópicos y copias del propio artista, tan seco de ideas como la sociedad que pretende criticar con su verborrea seudoirreverente. 4 va, ante todo, de la soledad del individuo en el mundo urbano contemporáneo. Hay que reconocer que varios de los fragmentos escritos por Rodrigo García son poemas pertinentes y sagaces que acentúan la desidia, la abulia y la proximidad del abismo («Flotará entre cráneos sin / certezas, cada cual / sabio a su manera y digno de piedad y / respeto»). Se combinan con elementos del futurismo: «La implosión por dinamita es el / tic tac del corazón de Dios / Hay más belleza en la demolición […]/ que en sinuosas formas constructivas de hoy»; y nihilistas: «Lo artificial es veneno del bueno». Toda la obra se sustenta básicamente en un prólogo a cuatro voces, un epílogo similar y una semblanza bien extensa sobre los recuerdos de infancia de un tipo. El resto es puro aparataje de relleno. Sigue leyendo