La pasión de Yerma

Lola Blasco traslada la tragedia lorquiana a nuestros días con la inconsistencia de no reconsiderar el contexto sociocultural presente

La pasión de Yerma - Foto¿Merece la pena adaptar la obra de Lorca para, en lugar de aportarle un aire nuevo, otra temperatura, quizás, con mayor consonancia presente, desvirtuarla hasta hacer de ella un acontecimiento entre dos aguas? La necesidad de duplicar la actualización de un clásico, pues toda obra del pasado es actualizada ipso facto por la mirada de un espectador nuevo, conlleva, en muchas ocasiones, la descompensación anacrónica de los hechos, y el descoloque de unos símbolos que requieren de un contexto sociocultural muy concreto. Si nos venimos al ahora, ¿qué es la esterilidad de una mujer? O debemos tomar la verosimilitud a medias y a gusto del consumidor. Microondas, lavadoras (a pares) y un tren AVE arrollando ovejas; pero ni avances sociales inconmensurables, ni secularización sin parangón, ni pruebas médicas que zanjen las dudas y planteen las posibilidades que hoy existen. Sigue leyendo

Música y mal

Lola Blasco nos invita a explorar su melomanía a través de varias piezas clásicas, creadas por compositores repletos de máculas morales

Música y mal - Foto de José María Sánchez Moral
Foto de José María Sánchez Moral

Ante una propuesta en aparente tan directa y con título tan elocuente, uno puede situarse desde diferentes posturas, pues si la autora es capaz de tomar distancia —muy irónica, como vamos a ver—, más distancia podemos tomar nosotros como espectadores. El montaje es breve y uno se queda con ganas de más, pues la selección musical es excelente, tanto como su intérprete, el pianista Alexis Delgado Búrdalo; además de que la estructura de vasos comunicantes que se bosqueja, con aire falsamente espontáneo delante de nosotros, nos introduce por vericuetos en los que se aúna de forma desequilibrada la estética y la moral, la historia y el costumbrismo, el misterio y el arte, la música y la palabra, la intimidad y el erotismo. Podría seguir. Lola Blasco, que no hace tanto nos mostró su Siglo mío, bestia mía, y que tiene por ahí rondando su En palabras de Jo… Mujercitas, que dirige Pepa Gamboa, la cual echa también aquí una mano en la dirección, en este trabajo personalísimo. En uno de los enfoques que podemos considerar quizás debe estar la sospecha de ese prurito cristiano —y ahora tan posmoderno—, de la culpa, del afán pietista por el pecado, y por la incapacidad para integrar el mal en la concepción de Dios. Sigue leyendo

En palabras de Jo… Mujercitas

Lola Blasco busca en su texto a Louisa May Alcott a través de su célebre novela en un montaje de tintes metaliterarios

Foto de Esmeralda Martín

Aceptemos que a Mujercitas se le puede dar una vuelta y que se puede apreciar más allá de esa consideración costumbrista, conservadora y tan valorada por los estadounidenses de bien. Que en las entrañas de esa novela se cuela una nueva moral que funciona como un suave feminismo revolucionario que fragua a través de la escritura. Todo ello le ha dado a Lola Blasco para observar desde una perspectiva reflexiva y hasta filosófica a esas mujeres desgajadas de cualquier intromisión masculina directa. En escena no entran los hombres; así tampoco podremos aseverar que algunas de las proclamas que se escuchan durante la función realmente lleguen a ser efectivas frente a la mirada del varón. Pepa Gamboa ha marcado un compás fulgurante desde el principio, el lógico brío juvenil que nos entrega a unas muchachas con un desparpajo increíble. El montaje, salvo el decaimiento final, en el que resulta un tanto reiterativo su epílogo metaliterario; nos empuja por una pendiente en las ganas de atrapar una vida con caminos muy marcados y definidos, que su máxima protagonista anhela torcer. Desde luego, el primer tramo de la obra es un borbotón de energía que nos alegra. En plena Navidad, las March, llenas de entusiasmo, nos hacen creer de verdad que aquella existencia eminentemente hogareña y provinciana es la quintaesencia de la felicidad. Sigue leyendo

Los empeños de una casa

La sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia acoge este festejo teatral que sor Juana Inés de la Cruz presentó en 1683

Resulta muy conveniente para nuestra época recuperar la figura de sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), una mujer excepcional, una intensa lectora y una ávida intelectual que nos dejó alguna obra teatral, como la que aquí se representa, y una interesante colección de poemas, entre otras composiciones. Los empeños de una casa pertenece a su teatro profano, un texto destinado al divertimento de la nobleza y del clero que fue encargado por el contador del virreinato. Los recursos retóricos son los propios del Barroco, con esa riqueza léxica y esa propensión a retruécano y al dilogismo. Es fácil identificar los enredos que se predisponen como todas esas comedias de Lope de Vega o de Calderón. En este sentido carece de originalidad y hasta se diría que algún personaje queda un tanto desdibujado, como es el caso de don Juan, que interpreta Miguel Ángel Amor con bastante furia y que apenas se esboza (aparece de improviso y se empareja sin mucho comedimiento). Sigue leyendo