Viernes, I’m in Love

Sandra Arpa cierra la trilogía Temporada Verde en Cuarta Pared con un drama sobre jóvenes activistas climáticos

Llegamos a la tercera parte de la trilogía Temporada Verde que ha organizado Cuarta Pared. Tras Solarpunk y Animales en apnea asistimos a Viernes, I’m in Love, firmada por Sandra Arpa, aludiendo al movimiento Fridays For Future. En este sentido creo que es esencial fijarse en su obra Quiero colapsar a tu lado, que se representó en esta misma sala y que nos puede poner en contexto sobre las pretensiones de la autora. Es necesario asegurarse de que el montaje presente no es una farsa. Si lo fuera, no dudaría en juzgarla como vitriólica y evidenciadora de esa ingenuidad patética que destilan los activistas del clima que se ponen en primera fila. A diferencia de los fanáticos religiosos, que se confían a su fe con sentimiento desorbitado, estos todavía pretenden la cuadratura del círculo entre soflamas cientificistas y un idealismo de corte animista. El New Age de vuelta, el anima mundi y otras paranoias se conjugan en estos seres corrompidos por la ecoansiedad. De esta manera, Greta Thunberg, verdadero adalid de esta corriente, y santificada en esta propuesta, es, sin lugar a dudas, la heroína más acorde con esta atmósfera.

Pondría en duda que este espectáculo no fuera una parodia si tuviera algún contraste racional, algún discurso consistente, alguna visión ecológica sobre la que apoyarme para juzgar el grado de implicación de estos individuos. Pero no ocurre así, el narcisismo prima por encima de todo, la competición ridícula sobre quién es menos contaminante hasta el punto de proponerse el decrecimiento y su propia extinción. Tengamos en cuenta que todo el paquete es el encumbramiento posmo, el ilusionismo performativo de quienes se autocrean, se autodefinen y se reconstruyen como espíritus a los que no les queda más remedio que ocupar cuerpos neutros. Porque no esperarán que estos activistas sean estudiantes más o menos corrientes que debido a sus conocimientos están alerta y se comprometen con diferentes causas en relación con el medio ambiente, con el abandono y transformación del mundo rural, con la contaminación de los océanos o de las ciudades, y todos los etcéteras que se quieran poner. No, aquí los personajes son tan únicos que vienen con el etiquetaje completo: «Soy activista, ecofeminista, disléxica, bisexual, escribo, soy zurda y me da miedo que me hagan daño…». Aquí no hay cuotas para minorías, aquí se nos quiere hacer pasar esta rareza (esta queerización) por habitual. Tenemos a una hije, a un trans y a una chica racializada, amén de unas madres hippies de segunda generación que se van adaptando al devenir de su creación. Ya saben: una hije no nace, una hije se hace. Por supuesto, Arpa nos concede todo un lenguaje coherente; por eso nada suena masculino, ya sea para señalar lo genérico o a un individuo concreto. Todo es con e de Libertad y con a de Bondad suprema.

Primeramente, contemplamos a Cloe, la protagonista de esta historia, una chavala de 12 años, vivaz y enérgica. Elisa Martínez ofrece toda su versatilidad y brío para echarse la función a la espalda. Me parece que su interpretación es notable y que domina las tablas, que consigue guiarnos por todo su periplo con avidez. Su personaje refleja toda esa carga cultural que hoy pesa sobre los adolescentes hasta el punto de llevarlos a la esquizofrenia o, como en este caso, a un compromiso que no parece suficientemente profundo y elaborado. Con esa edad podemos justificarlo todo. La acompañan Panamá, una joven de rasgos orientales, que interpreta Xinyi Ye, quien dejó su buen hacer en la película Chinas, con un sagaz tono irónico; y Louise, un muchacho que se irá aproximando a su transición de género para terminar en Lois: «Digamos que nací siendo un bioniño… Y ahora, no me identifico con nada. Ahora soy transparente». Aritz Castillo se ve un tanto arrastrado por la dinámica general, su papel se debate entre las proclamas ecologistas que parecen todo un reclamo por ser aceptado en un grupo, y su condición identitaria. Como señalaba anteriormente, no presenciamos la más mínima discusión sobre sus inquietudes acerca del susodicho tema. No parecen más que bachilleres que anhelan integrarse en un movimiento y por eso se dedican a ir a ecoparties, donde se disfrazan de artefactos políticos al uso.

En otra dimensión están las madres de Cloe. La no biológica, Sara, nos deja a una Laura Presa emitiendo con nostalgia su participación en la COP 6, en el año 2000, con la batucada correspondiente en esas joviales performances. Entendemos, por lo tanto, que ella ha influido totalmente en su hija. Como igualmente ha realizado su otra madre, María, que es encarnada con cierta sobriedad por Julia Nicolau (resulta mucho más atractivo su rol como organizadora sueca en una de las convenciones). Ambas se ven, pasado el tiempo, en la tesitura de cuidar de su vástago en un 2028, donde la mesías Greta sigue congregando a la juventud. Para entonces, las consabidas interseccionalidades se muestran con obviedad. De qué vale luchar por la «justicia climática» si no va aparejada a un «futuro ecofeminista» donde se visibilicen todas las identidades.

Por lo tanto, ¿una sátira radical o un juego de niñes? De cualquier forma, el planeta, como ustedes pueden observar, está a buen recaudo.

Viernes, I’m in Love

Texto y dirección: Sandra Arpa Neila

Reparto: Aritz Castillo, Elisa Martínez, Julia Nicolau, Laura Presa y Xinyi Ye

Espacio escénico y vestuario: Sandra Arpa Neila

Diseño de iluminación y proyecciones: Leticia L. Karamazana

Espacio sonoro: Sandra Arpa Neila

Foto escena y vídeo: La Dalia Negra Studio

Una producción de Sandra Arpa Neila con ayuda a la producción de Cuarta Pared.

Con la colaboración de La Rueda Teatro Social

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 7 de marzo de 2026

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