El nudo gordiano

Israel Elejalde dirige este drama sicológico en el Teatro Español sobre un caso de suicidio infantil

Foto de Javier Naval

Estamos muy acostumbrados a degustar dramas cercanos que nos desvelan conflictos con la sibilina estructura del thriller tan mametiana. Generalmente, un par de personajes que se enfrentan en un combate dialéctico en el que van guardándose sus bazas hasta el desenlace. Si la muerte está en el fondo dolorosamente, entonces, el meollo se agrava. Hace bien poco hemos contemplado en Vincent River cómo se establece esa disputa para dirimir un asesinato. Si le añadimos el contexto educativo, la obra Violencia, que regresó a los escenarios hace unos meses, adivinaremos unas costumbres muy concretas. Creo que merecería la pena que los espectadores pudiéramos atender propuestas de similar calado sobre la realidad española. Y es que las sutilezas de los centros de enseñanza anglosajones o americanos (o diría que de cualquier otro lugar) poseen su idiosincrasia. ¿Cuáles son las reglas internas? ¿Cuáles son los protocolos? O ¿qué se considera normal y adecuado en las respuestas que puede ofrecer un muchacho de once años en sus redacciones?

Así que estamos en un aula de quinto de Primaria (alumnos de 11 años) de un colegio de Chicago. La escenografía está pensada por Monica Boromello para que ningún detalle nos pase desapercibido. Un corte radical que nos adentra en una clase, con esas sillas y pupitres de azul. En la pizarra se muestran dos listas con dioses griegos y su paralelo hindú. Al lado, varias referencias a la Constitución de Estados Unidos. Y, por las paredes, decenas de escritos y algunas ilustraciones.

En cierta medida ─en ese empeño por traernos obras de ámbitos educativos que son ajenos a nosotros en muchos aspectos─, la verosimilitud se resquebraja en el planteamiento inicial. Cuesta pensar que en un suceso de este calibre no intervenga directamente la policía, los investigadores y que se pueda dar el encuentro entre la madre de un niño, que se ha suicidado apenas cuarenta y ocho horas antes, y su maestra. Aceptemos la licencia teatral; pero la docente no me parece tan insensata como para permitir la entrevista ─y sin testigos, porque estos se escaquean certeramente─. En España, por ejemplo, todo se ha envilecido tanto que ahora sobre un caso difícil hay luz y taquígrafos. De esta manera, llega la señora, no precisamente compungida, para dar cumplimiento a la cita. En esos primeros instantes el montaje va trastabillado, lento, se demora en exceso. Bien es cierto que sirve para que algunos silencios incómodos adensen la atmósfera y para que Eva Rufo delimite su punto de partida. La hondura, tristeza y pavor que expresa su rostro es fundamental. Duele verla, tan abatida, tan descabalada. Ella es Heather, una mujer que ha abandonado su puesto como publicista y que ha dado el giro hacia la educación. Hecho significativo. Debido a que su papel, para mí, es el más logrado. Sobre todo, porque conjuga pudor y pundonor. Ni es alguien con arrojo y valentía, ni cede totalmente al ocultamiento de los datos con el fin de salvar su pellejo profesional. Alguien que presumimos solitaria, que llora por su gato, el cual está a punto de morir. Igualmente, parece sola Corryn, la progenitora. La potencia de María Morales es desconcertante. Redondea su rol con mucha astucia. Parece que va a desbordar, pero se refrena en el límite. Ambas realizan un trabajo espléndido y creo que es el mayor valor de Israel Elejalde en la dirección.

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué esta obra se llama El nudo gordiano? Recordemos que Alejandro Magno se vio en el brete de solventar el célebre entuerto, y que lo solucionó por las bravas, a golpe de espada. Una forma de expresar que nada lo limitaba en su ambición. Cuando un preadolescente pretende arreglar así sus apuros, ya no hay vuelta atrás. ¿Por qué Gidion se ha quitado la vida? Puede que haya sufrido acoso escolar o que él lo haya ejercido. Puede que un amor homosexual le haya traído problemas o que una amiga enamorada de él sea su confidente. Todo esto está ahí; pero la función tiene un punto de originalidad superior que desborda el tema tan explotado del bullying. Y tiene que ver con el infantilismo, el sobreproteccionismo y, a la vez, con la libertad de expresión y las etapas de madurez, y hasta con nuestra sociedad de consumo. Por todo ello, lo más decisivo del texto es la desigual concepción que ambas mujeres tienen sobre qué debe conocer un chaval de esa edad, por qué territorios imaginarios se debe propender, etcétera. Es un asunto moral y político ─así nos lo estamos encontrando los profesores cuando debemos elegir lecturas─; sin embargo, me parece muy atrayente la idea metaficcional. Resulta que en el clímax de la representación Corryn toma el cuento que provocó la expulsión de su hijo. Un relato sanguinario, donde aparecen señalados maestros «reales», donde se fantasea en un estilo gore con su aniquilación, en una especie de revolución violenta de los menores contra sus educadores. Produce horror; aunque, ciertamente, es una redacción magnífica. Así lo piensa la madre, claro, ya que es profesora universitaria especializada en literatura medieval. Es decir, está habituada a leer y recitar cantares épicos con gran carga fantástica y destructora. La que no tiene instinto estético es la maestra ─o, quizás, no lo puede tener, porque prima mucho más su empleo, pues no tienen el estatus de funcionario como aquí en los colegios públicos─. La paradoja es que el aula está repleta de nombres mitológicos que remiten a historias que se inmiscuyen en todo tipo de atrocidades.

El nudo gordiano es un drama sicológico que evidencia las oscuridades de dos mujeres. Ambas afrontan un hecho luctuoso de maneras muy diversas; no obstante, con claros puntos en común, pero también con diferencias muy acusadas. Por otra parte, la dramaturga, Johnna Adams, da a entender aspectos que parecen comunes en la cultura norteamericana. Pienso que ahí nos perdemos algo. ¿Cómo son las familias? ¿Qué sabemos de su cultura, de su clase social, de su origen, de su religión…? Si esto ocurriera aquí, vislumbraríamos el contexto. En cualquier caso, es un montaje persuasivo.

 

El nudo gordiano

Autor: Johnna Adams

Dirección: Israel Elejalde

Adaptación: Paula Paz

Reparto: Eva Rufo y María Morales

Escenografía: Monica Boromello

Vestuario: Sandra Espinosa

Iluminación: Paloma Parra

Sonido: Sandra Vicente

Ayudante de dirección: Rocío Peláez

Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 22 de marzo de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

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