El desconocido

Laura Garmo traslada la adaptación de esta novela de Carmen Kurtz sobre la desconexión amorosa de una pareja en los años cincuenta

Foto de Javier Naval

La novela de Carmen Kurtz (1911-1999), El desconocido, con la que consiguió el Premio Planeta en 1956 (entonces todavía guardaba prestigio), posee modernidad tanto en la forma como en el contenido. El fragmentarismo, las analepsis o el atisbo del monólogo interior benefician a un argumento que bebe temáticamente de aquel tedium vitae que padecieron Emma Bovary o Ana Ozores; pero que se introduce en las complejidades de los años cincuenta en España. A ello se le añaden las citas de la Odisea, pues el referente de Penélope esperando el regreso de Ulises ofrecen un paralelo estimable. El lector debe hacerse cargo de los padecimientos, fundamentalmente, de su máxima protagonista: Dominica. No obstante, tengo que reconocer que la obra de esta autora, que tanto ha caído en el olvido, resulta muy redundante, que se demora en exceso en algunos detalles y que no se inmiscuye en cuestiones sociales y políticas de más calado. Es, en este sentido, una prosa acogotada por las circunstancias, aunque por aquellas iban apareciendo novelas dentro del realismo social con mayor enjundia.

Por lo tanto, la síntesis necesaria en la adaptación teatral ─perfilada con inteligencia por Yolanda Pallín─ logra, desde mi punto de vista, que la función gane en atracción. Contamos con un montaje repleto de elementos artísticos que favorecen la concreción, que la trama fluya y que la atmósfera nos remita a la angustia de esa mujer esperante. Ahora, también se pueden hallar algunas disonancias y algunos aspectos que no están elaborados con finura. En principio, la escenografía de Blanca Añón parte de un espacio vacío que se va llenando con tres estructuras que simulan diferentes fachadas de hogares con su lado interior incluido. Funcionan de manera simbólica y sirven para delimitar estancias, calles, recodos. Propician el dinamismo necesario que ha imprimido Laura Garmo para trasladar un texto con múltiples saltos espaciales y temporales. La pena es que desplazar esos armatostes, en ocasiones, provoca torpeza. En cualquier caso, la iluminación cerúlea, macilenta y tenebrosa de Pilar Valdelvira nos adentra en la acción. Después, hay un punto en el relato que se resuelve de modo abrupto, en el tramo final, cuando esta joven sucumbe a su desesperación (no daré más datos). Llama la atención, porque el ritmo era más adecuado. Este funciona como un oleaje muy significativo en el preámbulo. La familia de Antonio Rogers aguarda en la Estación Marítima observando cómo llega el Semíramis aquel 2 de abril de 1954 con aquellos soldados de la División Azul que habían estado detenidos en campos de concentración soviéticos. Los recuerdos de cómo se formó la pareja, de cómo se conocieron, de cómo se casaron al poco o de cómo él anunció que se iría unos meses a la guerra surgen con agilidad. Lástima que tanto en las tablas como en la obra original no se profundice sobre los pensamientos y las concepciones vitales de este individuo. Toni Agustí ofrece una interpretación correcta, midiendo su estupefacción, dejando que su compañera nos vaya captando. Es, por lo tanto, Ángela Boix quien vuelve a brindar una gran consistencia, demostrando una presteza en sus reacciones y ocultando los verdaderos sentimientos que van horadando en sus entrañas. ¿Qué debe sentir? ¿Cómo debe intimar con este marido que al tacto no reconoce? ¿Cómo hablar a alguien con quien se ha perdido el lenguaje del enamoramiento? Esa controversia se une a un aspecto de ámbito doméstico muy interesante. Otra vez el ejemplo de fémina paralizada por una falta de empuje en su entorno. Es decir, esta Dominica ─que tiene a su padre allá en América, en Santo Domingo─ ha terminado viviendo con los suegros, gente burguesa, muy bien avenidos por pertenecer al bando vencedor. Si hubiera sido hombre lo hubieran alentado al estudio, a desempeñar alguna tarea que lo sedujese y que lo hiciera sentirse útil. A ella le toca cuidar un jardincillo, vigilar a las palomas, quedar con unas amigas,… Podría haber tenido más iniciativa, desde luego; sin embargo, vive en ese acomodado desamparo. De todas formas, la han tratado como a una hija. Así encontramos a Mariano Llorente, que se encarna en el paterfamilias con aires entrañables, muy verosímil. Un abogado con ganas ya de jubilarse, enriquecido en esos años de tanto trabajo en el despacho, y con la vista puesta en sus hijos. El mayor como heredero de las mismas lides y el pequeño con mayores problemas para encontrar su destino. Este lo acoge Paco Flores, quien se muestra algo timorato y dubitativo, más allá de los requerimientos de este muchacho enamorado de la cuñada. Por otra parte, la madre, nos deja a una Elena González que cumple con lo esperado en una candorosa ama de casa de la época. Sí que parece sugestivo el contraste que ofrece la subtrama descrita por las vivencias de German, el compañero y amigo que Antonio hizo allá en el cautiverio. Un tío afable, de clase trabajadora, que interpreta con gran soltura Víctor Antona, quien recibirá la generosa ayuda de su colega. Se habilitan tímidamente unos reflejos de carácter social, del estado de España en aquella época, donde, al igual que hoy, emprender un negocio resultaba tan complicado.

Creo que el planteamiento estético es admirable. El martilleo que imprime la música de Benigno Moreno propicia un ambiente de decadencia y de abulia muy lograda. Tampoco se puede ir más allá de un meollo que se adivina constreñido por la censura y los códigos literarios del momento.

El desconocido

Autora: Carmen Kurtz

Dirección: Laura Garmo

Adaptación: Yolanda Pallín

Reparto: Ángela Boix, Toni Agustí, Elena González, Mariano Llorente, Víctor Antona y Paco Flores

Escenografía: Blanca Añón

Vestuario: Mónica Teijeiro

Iluminación: Pilar Valdelvira

Sonido y música original: Benigno Moreno

Caracterización: Moisés Echevarría

Ayudante de dirección: Coral Ros

Ayudante de escenografía: Lidia Gómez

Ayudante de vestuario: Freya Medrano

Residente de ayudantía de dirección: Giulia De Crescenzo

Asistente artístico: Paul Alcaide

Producción: Teatro Español

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 23 de diciembre de 2025

Calificación: ♦♦♦

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