Todo lo que veo me sobrevivirá

Raquel Alarcón cierra el Tríptico de la Vida en la Sala Cuarta Pared con un mosaico de historias en el absurdo de la cotidianidad

Se cierra con esta pieza el Tríptico de la Vida. Título tan amplio e inconcreto que ha valido para derivarnos a una suerte de costumbrismo en mosaico. Teselas de teselas repletas de melancolía y desencanto, trufado de ironía impotente. Si acaso hemos acontecido a la bruma propia de nuestros tiempos en descenso. De hecho, Todo lo que veo me sobrevivirá insiste en estas ideas. Las autorías auguraban una obra potente; pero la suma de las partes, en este caso, no ha propiciado un espectáculo superior. Principalmente, por falta de engarce, de recursividad. Por otro lado, porque cada fragmento, en sí mismo, tampoco es nada extraordinario. Es un montaje desmembrado que dirige Raquel Alarcón con un aprovechamiento del espacio muy ágil y que, en este sentido, conecta estéticamente con las otras dos propuestas anteriores (Todas las casas y Murmullo). El deambular del elenco, fluyendo al centro desde los laterales, en esa construcción azarosa de la escenografía que surge de unos cajones (idea de Berta Navas), produce atractivo en los primeros embates.

El preámbulo está firmado por la propia directora y lo debemos leer en la pantalla. Una fría captatio benevolentiae de corte autobiográfico. El prólogo, de la misma autora, es una pizca surrealista con disfraz de Bugs Bunny. Aceptemos que se quiere contribuir a la atmósfera de ensoñación. A continuación, dan comienzo las cinco obritas. Cara de mayor, de Melanie Werder, un sketch de humor absurdo sobre un técnico de escaleras mecánicas ofuscado puesto que unos pilotitos avisan de una catástrofe en un supermercado. Sirve el momento para mostrarnos a una Esther Isla, como jefa de sección, embebida por creencias tan ilustrativas como el devenir adivinado por el I Ching. Ella resulta graciosa. El operario se llama León, y es acompañado por su hija, Fiera. Esta la acoge Gilda Polo Camacho (alternará en otras funciones con su gemela Viena). Ambas van cogiendo experiencia en estas lides y añadiendo proyectos (ya las vimos en Ensimismada). Para ella, la tesitura es algo compleja, porque algunos párrafos son extensos. Si el cariz poseyera alguna continuidad, uno podría adentrarse de otra manera.

Sierra de Yeguas, 23 de agosto, de Roberto Martín Maiztegui es el trozo que más me ha conmovido. Julio Montañana se trae modos de aquel papel que interpretó en Para acabar con Eddy Bellegueule, para volver a insistir en esa miseria moral con la que tantos homosexuales se las han tenido que ver en el mundo rural. El actor le da mucha consistencia. Aunque ya suene a tópico, lo observamos como un joven que anhela ser actor y que desea escapar de ese ambiente. Frente a él, Jorge Mayor desarrolla con mucha credibilidad al hermano cazurro y zafio, que solo parece comprenderse en los vericuetos de la brusquedad.

Con Multiaventura, de Lucía Carballal, asistimos a una semblanza sobre una monitora en uno de esos «parques de bolas» donde algunas familias «lanzan» a sus hijos para tomarse un respiro. Resulta demasiado anecdótico; sin embargo, Esther Isla, nuevamente, se exprese con emotividad. Seguidamente, llega Maserati, de Esther García Llovet, donde hallamos a Carmen en un viaje típico en BlaBlaCar. La encarna Puchi Lagarde con el tono amargo y verosímil de una solitaria, una «trotamundos». Un leve misterio entre la charla anecdótica que también supone una cierta ruptura en el sueño. Poco más. El quinto, El encargo, de Pablo Remón, consabido y requeteexplotado marco autoficcional metatetral: «debe narrar una epifanía cotidiana». Quizás en eso esté la clave del planteamiento, en considerar que nosotros, los espectadores, estemos de acuerdo con que en esas cotidianidades se estén dando verdaderamente, «epifanías», y no absurdas ocurrencias. El grupo suelta frases autorrecursivas, como personajes que se reconocen como tal. En cierta medida, esta pieza es epilogal; no obstante, bien podría haberse incluido en el inicio.

Las preguntas en estas obras colectivas son las de siempre: ¿funciona algún pedazo por separado como una unidad en sí misma? Ciertamente, ninguna es bastante sugerente. ¿Funciona la propuesta en conjunto superando la mera suma de las partes? La dramaturgia es muy coherente y es apreciable; pero no dejan de ser fogonazos sin cohesión.

Todo lo que veo me sobrevivirá

Dramaturgia: Raquel Alarcón y Melanie Werder

Autoras/es: Raquel Alarcón, Lucía Carballal, Esther García Llovet, Roberto Martín Maiztegui, Pablo Remón y Melanie Werder

Dirección: Raquel Alarcón

Interpretación: Esther Isla, Puchi Lagarde, Jorge Mayor, Julio Montañana, Gilda Polo Camacho y Viena Polo Camacho

Vestuario y escenografía: Berta Navas

Diseño de sonido: Kevin Dornan y Manu Solís

Diseño de iluminación: Nuria Henríquez

Videoescena: Bárbara Sánchez

Ayudante de dirección: Laura Hernando

Fotografía y grabación de vídeo: Javier Sánchez-Guerrero

Edición de vídeo: María Moreno Novoa

Diseño de cartel: Irene G. Lara (Verde Pistacha)

Producción, distribución y comunicación: Cuarta Pared

Prensa: Manuel Benito y Cuarta Pared

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 26 de abril de 2025

Calificación: ♦♦

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