Fernando Gil impone su protagonismo histriónico en esta adaptación de la obra de Lars von Trier dirigida por Ricardo Hornos

Cualquiera que haya visto la película de Lars von Trier El jefe de todo esto, presentada en 2006, quedará patidifuso con el tono adoptado en esta versión que firman Ricardos Hornos ─responsable de la dirección─ y Fernando Gil ─máxime protagonista, demasiado, diría─. Y de esto va el asunto, del tono propiciado. Porque el director danés, más allá de sus experimentos cinematográficos con su «automavisión», permea su comedia de una pátina de acibarado sarcasmo que la vuelve más inteligente. Al contrario, lo que observamos en escena se ha pergeñado con estilo payasesco, burlón y exagerado para que Gil, quien aprovechará su fama en series exitosas como Machos alfa, se recree en sus gestos, en sus salidas estrafalarias y en esa grandilocuencia que resta seriedad al argumentario de fondo. Él se sitúa con enorme potencia desde el primer momento, incluso, como el prologuista que nos avisa acerca de diversos elementos técnicos.
El relato se apoya en ese esquema histórico del enredo permanente, de los equívocos, como ocurre desde Plauto y pasando por Shakespeare o Lope. Personajes extravagantes que se camuflan hasta el desenlace para ofrecernos, también, una moraleja. Esta obra no deja de ser; aunque quizás no lo pretenda, una fábula contemporánea que debe servir para criticar los entresijos de algunas start-up, donde pululan seres imbuidos en sus frikadas antes de dominar a un mundo más imbuido en sí, todavía. Y así nos encontramos con que unos chinos quieren comprar esta empresa tecnológica. Lo curioso es que el supuesto jefe ha estado oculto, cual mago de Oz, durante todos estos años, en los que únicamente se ha comunicado por correo electrónico. Un hombre misterioso que se ha inmiscuido en la vida de sus empleados de diferentes maneras. Así que Gabriel, el fundador, el que parece tener un puesto de responsabilidad mayor y vía instantánea con el superior, ha contratado a un actor para ejecutar el papel de esa invención. Críspulo Cabezas apenas redondea su rol, se mantiene plano y falto de coherencia para ser un joven avieso. Le falta carácter y es devorado por ese espécimen que ha fichado. Y así les sucede a todos los demás; ya que carecen de líneas o interacciones suficientes para mostrar su ambición o su estupidez. Siquiera Laura Laprida, quien explora el estereotipo de tía buena y seductora, aprovecha su oportunidad para proceder sexualmente. Además, es de las primeras que pone contra las cuerdas a ese farsante quien, para más inri, carga con una personalidad que ni él mismo conoce. Por otra parte, la complacencia de Álex, interpretado por Aure Sánchez es inapreciable. Igualmente, daría para mucho Jon, el tipo traumatizado por el hábitat rural y los cerdos, que acoge Viti Suárez. Este también se encarna en Zhang, el comprador oriental, que resulta propio de sketches televisivos excesivamente explotados con ese recurso de la traducción intervenida y suavizada para lograr el chiste. Porque así procede la traductora que toma Carol Rovira. Todo, en definitiva, es risible, claro, pero no permite que la sátira brote entre tanta ridiculez.
No obstante, como señalaba al principio, todo este elenco queda opacado por la afectación de Fernando Gil. Este nos llevará por una colección de situaciones inconsecuentes. Su ignorancia de lo que acontece en la empresa lo lleva a discurrir por escapatorias inverosímiles y su obsesión por los dictámenes actorales de Pier Antonio Quarantotti Gambini, nos dejará su retahíla de miradas melancólicas y otras facetas interpretativas envueltas en una filosofía de fascinación. Entre soluciones rocambolescas, donde este jefe debe inventar estrategias para huir del entuerto y dar justicia al pastel que ha descubierto, nos destinará a un final tan aceptable como coherente con esa bondad propia de las comedias clásicas.
Al menos, la factura del espectáculo, con las proyecciones de Maxi Vecco poseen atractivo y favorecen la dinamicidad a la función. En este sentido, Ricardo Hornos le da brío a una obra que está pensada para superar la enjundia sarcástica de algunas escenas y lanzarse a la comicidad más directa y gestual.
Autor: Lars Von Trier
Dramaturgia teatral: Jack McNamara
Versión en castellano: Ricardo Hornos y Fernando Gil
Dirección: Ricardo Hornos
Reparto: Fernando Gil, Críspulo Cabezas, Carol Rovira, Laura Laprida, Viti Suárez y Aure Sánchez
Escenografía y proyecciones: Maxi Vecco
Vestuario: Pablo Battaglia
Diseño de iluminación: Carlos Torrijos
Producción: MP Producciones
Teatro Pavón (Madrid)
Hasta el 26 de enero de 2025
Calificación: ♦♦
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