Variaciones enigmáticas

Una batalla dialéctica sobre el tema del amor romántico entre dos hombres con visiones aparentemente opuestas

Variaciones enigmáticas - FotoSería bastante adecuado discriminar la sustancia filosófica que contiene esta obra de toda esa capacidad para destrozarse cada quince minutos o, incluso, descomponerse según llegamos al final. Porque Variaciones enigmáticas posee un planteamiento dialéctico, tan empleado en Francia desde el siglo XVIII, donde dos visiones aparentemente opuestas sobre el amor descubren sus propias incongruencias. Por ello, los primeros envites resultan sugerentes y te pueden llevar a la reflexión.

Contamos aquí con un texto de 1996 que se ha llevado a las tablas en múltiples ocasiones de manera muy exitosa, por lo visto. Yo me pregunto si una dirección más afinada, que acotara más la enjundia y sorteara esa pátina tontorrona de la comedia francesa, podría redondear más el asunto; pero creo que Román Calleja ha realizado un trabajo ajustado a lo que el autor propone. No se puede hacer otra cosa y, por lo tanto, uno sale del teatro odiando ese tipo de humor tan naíf y cursi que parece ansiar el encuentro de los bonachones. Es decir, es otro de esos espectáculos que pretende ablandar nuestros corazones en simbiosis con los personajes y que recurre a la salvífica ironía para tomar distancia.

El diálogo transcurre en una pequeña isla noruega donde vive el escritor, y premio nobel, Abel Znorko, interpretado por Juan Gea asumiendo esos estereotipos del misántropo y huraño artista atormentado. Luego le imprimirá matices mucho más estimulantes, cuando se abran algunos recovecos de su intimidad. Hasta allí acude un supuesto periodista, que adopta un tono profesional y precavido. Alberto Iglesias lo asume con sensibilidad creciente y, creo que logra muy bien sostenerlo sin caer, precisamente, en una sensiblería que pudiera llevar al espectador hacia una experiencia homoerótica, como veremos. Es cierto, que es un personaje inicialmente poco atractivo y que supone una visión del amor que hoy se tilda de «igualitario», y que más parece remitirnos a una candorosa amistad, con sus caricias, sus cuidados, sus confidencias y toda esa gama de buenas acciones que parecen rehuir tanto lo trepidante que conlleva el erotismo. Igualmente, y vayamos al meollo, los dos están dentro de los parámetros del amor romántico, es decir, están cargados de platonismo, de idealismo. El primero se ajustaría a los fundamentos, por ejemplo, de don Juan (mito que ha recogido en alguna obra el dramaturgo). A saber, encontrar el máximo placer en la seducción y en lograr la «rendición» de la dama; pero, comprender que enamorarse es debilitarse, puesto que implica que la mujer va a adentrarse en tu interioridad y que puedes perder el control. Una cobardía, desde luego, que le lleva a renunciar al juego maduro y sofisticado, con placeres subsiguientes que se desvelarán si uno es hábil. Aunque, lógicamente, con el riesgo a sucumbir y a ser dominado, o sea, a sufrir por amor indeciblemente. Así es la vida. Nuestro Znorko ha publicado una novela epistolar (con nombre cursi hasta la náusea: Amor inconfesable) con las cartas auténticas que se ha estado enviando con una antigua amante, a la que no ha querido volver a ver. Sabedor, por supuesto, de que el amor es «puro» e incorruptible si se alimentada de la fantasía. La paradoja es que está profundamente enamorado y que no ha logrado ese estado de inquieto equilibrio donde fluye su historia.

De fondo, la propuesta se quiere empastar metafóricamente con las composiciones de Edward Elgar, aquellas «Variaciones Enigma» que también entrañaban un misterio que debe descubrirse (nunca se hizo) como ocurre aquí sobre el escenario. Suenan con insistencia a lo largo de la función, como para darnos oxígeno antes del siguiente round.

¿Qué oculta este periodista?  No quiero destripar el espectáculo; porque ya se destripa él solo. Digamos que hay telenovelas con menos anagnórisis. No parece razonable que se llegue a ese nivel de explicación sorpresiva de lo que ha ocurrido. De relatar quién es, en realidad, ese tipo que ha llegado hasta la isla y que tiene una relación muy estrecha con la amante de aquel escritor. Ya que, una vez establecidos los principios del pulso dialéctico, la obra se derrumba cuando caen las veladuras y retoma cierta energía intelectual cuando se reencuentran los argumentos acerca de la «pureza» en el sexo con amor. O del amor en el entorno de la enfermedad. O el amor y la muerte. Y todo ese, insisto, romanticismo de hacer pervivir con enorme viveza, con la memoria, ese fulgor (quevedesco), cuando todo ha terminado inexorablemente. Ambos hombres, evidentemente, están más de acuerdo de lo que parece y le dan una importancia supina al amor, incluso hasta llegar a valorarla como idea genuina y espiritual, más allá de los cuerpos, los sexos, los géneros y lo que ansiemos materializar. Ahí es nada la radicalidad, al final, de la propuesta. Pero, hagámonos cuenta de que si el público termina por carcajearse con tanta sinceridad y tanto desmenuzamiento es que el asunto ha derivado en comedieta que quiere suavizar las cuitas filosóficas y literarias. Es que se riza el rizo tanto, y se quieren insertar tantos desenlaces apabullantes uno detrás de otro, que cualquier aspiración hacia lo verosímil cae en el absurdo. Un fastidio; porque quizás Eric-Emmanuel Schmitt nunca hubiera sospechado que hoy (busquen en internet), el amor romántico, sea sinónimo (para gente verdaderamente chiflada e inculta) de inductor de la violencia en las parejas, en los amantes o en cualquiera que caiga en las redes de esa deliciosa embriaguez.

En definitiva, Variaciones enigmáticas es estructuralmente un desastre; pero no puedo negar que contiene ideas que se han repensado de manera muy torticera en los últimos tiempos y que merece la pena retomar y, sobre todo, recuperar.

Variaciones enigmáticas

Autor: Eric-Emmanuel Schmitt

Traducción: Juan José de Arteche

Adaptación: Alberto Iglesias

Dirección: Román Calleja

Reparto: Juan Gea y Alberto Iglesias

Con la colaboración de: Ricardo Moya

Ayudante de dirección: Petra Korvasova

Iluminación: Rafa Mojas / Félix Garma

Escenografía: Palco Tres Gestión S.L.

Música: Variaciones Enigma, de Edward Elgar

Espacio sonoro: Guillem Gutiérrez

Imagen y fotografía: Yarmen Cruz

Vestuario: Palco Tres Gestión S.L.

Producción: Palco Tres Gestión S.L.

Distribución: Palco Tres Gestión S.L.

Producción ejecutiva: Juan Calzada

Teatro Infanta Isabel (Madrid)

Hasta el 31 de julio de 2022

Calificación: ♦♦

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