La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén

Una sencilla versión sobre esta tragedia, escrita por Ángela de Azevedo, que da cuenta de la vida de santa Irene

Ante todo, creo que es muy loable que una compañía joven como Los Martes, No lleve esta obra tan desconocida a las tablas. Pues hablamos de una comedia de santos de la portuguesa Ángela de Azevedo, de quien apenas se conocen datos sobre su vida. Sencillamente, sabemos que vivió durante el siglo XVII, que estuvo al servicio de Isabel de Borbón y que escribió otras dos obras más. Lo cierto es que La Margarita del Tajo nos muestra una situación brutal basada en la hagiografía de santa Irene de Tancor (ca. 635 – 653) y que, como bien explica el título, dio nombre a la ciudad, próxima a Lisboa, de Santarén. Por otra parte, esa inquina se hace más evidente por la adaptación que han llevado a cabo María Gregorio y Anaïs Bleda; pues el argumento queda reducido a una serie de acciones directas y con muy pocos recovecos, que hubieran hecho falta para redondear a los personajes fundamentales. Y no porque la propia tragedia contenga muchos papeles (apenas se han quitado unos pocos); pero la ambientación es algo pobre ya que no se da tiempo para madurar ciertas situaciones. Esto se percibe en la introducción. Unos largos minutos entre las ondas del río sobreimpresionadas en la pantalla más la representación casi mímica de encuentros fortuitos que pueden dejarte sin asidero. Resulta confuso ese entrar y salir de individuos aún sin identificar. Una vez entramos en harina, sí que se descubre un esfuerzo en el elenco por ofrecer lo mejor de sí, procurando declamar con elegancia y de encontrar la armonía. Al principio, una vez nos damos cuenta de que el flechazo ha dejado al galán Britaldo enfermo de amor al contemplar la belleza de la novicia Irene, observamos la gran disposición de Anaïs Bleda con su Rosimunda. La actriz procede con energía y soltura al expresar esa amalgama de celos y de incredulidad al sospechar que su marido se ha enamorado de otra. Al donaire de Ariel Muñoz le flaquea el vestuario ―y eso que los diseños de la misma Anaïs Bleda y La Moira, están cargados de sentido simbólico, de distinción y hasta de rareza―; porque las mallas y la chaqueta no suman a su hombría. Ya que nos referimos a un personaje que se lanza de manera relampagueante, con ímpetu por esa excitación erótica que siente y que se tornará destructiva; cuando su supuesto amor (muy antojadizo) no se vea lógicamente recompensado. Un aspecto esencial de la obra es la concepción de la belleza, de cómo puede repercutir en el ánimo de las personas hasta cegarlas. María Gregorio, como Irene, se desplaza con cuidado, con inocencia y con la precaución de alguien que tiene claro cuál es su camino; para quien los vicios mundanos deben formar parte de olvido si de verdad se quiere entregar a Dios. Por si no fuera bastante con un acuciado pretendiente, se añade otro, absorbido por la misma motivación. Remigio, un monje encarnado por Alfonso López, sufre su propia metamorfosis moral y cae en la tentación. Cierra el grupo Etcétera, una criada que se inmiscuye en los diálogos con picardía y con la astucia suficiente como para que no le salpiquen las discusiones. Natalia Llorente realiza un trabajo muy apropiado y consigue suavizar algunas escenas con sus guiños cómicos. La función, en su recogimiento premeditado, se aleja de lo alegórico, de lo peculiar en las comedias de santo, al renunciar a elementos más fantasiosos, religiosos o imaginarios como la presencia de los ángeles. La inclinación es más carnal, física y espantosa. Violación y muerte cargadas de insensatez, y que ejemplifican, una vez más, la podredumbre de esos códigos de honor que en tantas ocasiones hemos contemplado en Lope o en Calderón (de este último se constata la mayor influencia, tanto en forma como en fondo). La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén posee una escenografía (el gran tronco tumbado funciona como símbolo de la muerte y, simultáneamente, nos disuade de la tortura directa) y una iluminación de Elisa Yrezabal muy sencillas que favorecen la concentración en los diálogos y en esos monólogos que son pura expresión de sentires angustiosos. En términos generales, es una propuesta que se ajusta a las posibilidades de una compañía pequeña. Desde luego, han logrado sacar partido de sus aptitudes para evidenciar los conceptos primordiales de esta tragedia.

La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén

Autora: Ángela de Azevedo

Versión y dramaturgia: María Gregorio y Anaïs Bleda

Dirección: Anaïs Bleda

Reparto: María Gregorio, Ariel Muñoz, Anaïs Bleda, Alfonso López y Natalia Llorente

Espacio sonoro: Álvaro Domínguez

Ayudantía de dirección: Irene Gómez

Proyecciones: Anaïs Bleda

Asesoría de verso: Chelo García

Coreografía: Irene Álvarez

Diseño y confección de vestuario: Anaïs Bleda y La Moira Vestuario

Escenografía: Elisa Yrezabal

Diseño de iluminación: Elisa Yrezabal

Diseño gráfico: Gazpacho Studio

Producción: Los Martes No

Corral Cervantes (Madrid)

Hasta el 15 de septiembre de 2019

Calificación: ♦♦♦

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