True West

Tristán Ulloa y Kike Guaza se encarnan en los hermanos que protagonizan esta historia con tintes de western, escrita por el actor y dramaturgo Sam Shepard, y que dirige Montse Tixé en el Matadero

True West - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Si Sam Shepard, en esta obra que estrenó en 1980, quería dejar patente el espíritu del «verdadero oeste» americano; entonces hemos de deducir que lo halla en la competencia violenta entre hermanos. Conquistar esa inmensidad salvaje, llegar el primero, enriquecerse como nadie y dejar que aquel espacio sin leyes definidas, si Dios lo consiente, configuran un mito que llega hasta el presente.

Uno se hace en el otro, uno invade el territorio del rival para realizarse y liberarse de sus más claras ataduras. Uno queriendo demostrar su inteligencia, su imaginación a través de la pura vivencia, para imponerse a la fantasía artificial del guionista. Mientras que, a la inversa, el apocado, el buenecito, el caritativo que ha ayudado tanto a su padre, anhela quitarse el corsé, y no solo se agarra a la botella imperiosamente; sino que se convierte en un pasota y en un ladrón. Lo interesante es que no les vale para autorrealizarse y avanzar en su vida desde una purificación esperanzadora, sino que se acaban autodestruyendo, con la aquiescencia de su madre que, de alguna forma, se lo veía venir, pues de tal palo tales astillas. A la postre, debemos pensar que Lee ha infectado a Austin, pues este último no necesita desbravarse de esa manera tan infantil. Porque sí, ambos, en gran medida, son unos inmaduros, que nos lanzan casi al slapstick propio del Chaplin en alguno de sus papeles como borrachín. Y es ahí cuando logran hacernos reír. Sigue leyendo

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El año del pensamiento mágico

Jeanne Mestre se mete en la piel de la escritora Joan Didion para revelarnos su personal annus horribilis

El año del pensamiento mágico - FotoAhora que somos inmortales, en Occidente, la muerte es una tragedia inédita y tan insoportable que hasta que no llega uno es incapaz de convencerse de su existencia. Joan Didion nos da la buena nueva, ella ha sufrido una pérdida y, nos avisa, «a ustedes también les va a ocurrir». Fue la primera mujer en perder a su marido de repente; John Gregory Dunne, a la edad de 70 años. ¿Cómo nos debemos tomar el discurso sobre el alabado texto El año del pensamiento mágico? Por lo escuchado en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español quizá como la liberadora expresión de una escritora que vive en Nueva York y a la que parece que la vida le ha respetado hasta ese fatídico momento. Lo verdaderamente duro es que su hija estuviera en coma en esos mismos instantes debido a las complicaciones de una neumonía. Indudablemente horroroso. Luego, cuando despertó, pudo asistir al funeral de su padre. ¿Cómo integrar desde nuestra posición ese recorrido descriptivo de los hospitales como si fueran hoteles de cinco estrellas? Uno busca la respuesta a tanto dolor, pero se encuentra con aquello del «pensamiento mágico» que, en la Gran manzana, en diciembre de 2003, por mucho que se decore con parafernalia antropológica y chamanismo apache, huele a técnica coaching, a truco de autoengaño como al que recurren todos aquellos que se enfrentan a una muerte cercana e inesperada. Si no recojo sus zapatos, volverá. Hasta que el duelo remite y la espera se esfuma. ¿Por qué este texto debe ser extraordinario? ¿Qué nos aporta? ¿Es Joan Didion el ejemplo de algo? Sigue leyendo