La película que Ingmar Bergman realizó para televisión en 1984 es llevada a las tablas por Ernesto Caballero con menos taciturnidad

Con gran profusión se «ha reflexionado» sobre el oficio de la interpretación en el propio transcurrir de una obra, en una imbricación metateatral que juega una y otra vez a entrar y salir del personaje. Los actores se desdoblan delante de nosotros para enseñarnos el truco, mientras nos seducen con la trampa que somos incapaces de apreciar en su totalidad. Así se ha empeñado en llevarlo a cabo Álex Rigola en algunos de sus espectáculos, como aquellos pergeñados en su «caja» (Hedda Gabler o Vania). De otro modo, Pascal Rambert en Ensayo también incluyó esta recursividad. O de forma similar ocurrió en aquella Lady Anne, de Inma Nieto. Podría seguir poniendo ejemplos; aunque también debo recordar que Gutiérrez Caba protagonizó Después del ensayo en el 2017. Sigue leyendo
Había logrado la temporada anterior Josep Maria Miró una sustancia narratúrgica de gran potencia con 