Dans la mesure de l’impossible

Tiago Rodrigues continúa con sus narraciones en escena para trasladarnos las anécdotas de cuatro cooperantes internacionales

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Foto de Magali Dougados

Si este montaje de Tiago Rodrigues fuera un poema épico, uno se dejaría llevar por el oleaje de los versos y por el ritmo que imprimiría la rima, se dejaría cautivar por la nebulosa que remitiría a espacios intangibles y a tiempos abstractos que confluirían en una sensación, un valor o, quizás, en una esperanza; pero esto no es poesía, es relato puro y duro, es respuesta a preguntas de carácter periodístico, no cuestionamientos de cariz artística, es decir, que vayan más allá de lo real. Aunque, por otro lado, que se nos nieguen los detalles geológicos (y geoestratégicos) o las diatribas políticas, tan fundamentales en los conflictos armados, nos evita el padecimiento. Convierte todo en un engrudo de buenos y de malos, donde, por supuesto, de lo poco que se puede concretar certeramente, es la inmaculada acción de la Cruz Roja, la cual no se nombra, pero resulta evidente. Como también ocurre con Médicos sin Fronteras. Tampoco se nombra a Occidente, aunque no hace falta esforzarse mucho para aceptar esa tremenda paradoja de perpetradores y, a la vez, de salvadores. Y esto lo digo yo aquí; porque alguna conclusión se debe extraer de un espectáculo tan monótono, a pesar de la dureza de algunas historias. Sigue leyendo

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Antonio y Cleopatra

Tiago Rodrigues toma como excusa la obra de Shakespeare para distanciarse hasta deambular por la performatividad genesiaca

Antonio y Cleopatra - Foto de Magda Bizarro
Foto de Magda Bizarro

Estamparse contra un límite dentro del arte puede ser muy beneficioso; pues alerta a otros artistas de que ese camino es un callejón sin salida. Antes, los creadores se daban cuenta de esto, que hasta las vanguardias tenían sus reglas, y no saltaban al vacío porque sabían que los espectadores no tragarían con cualquier propuesta (con excepciones, claro); pero desde que se abrió la espita posvanguardista y posdramática, pues ha ido surgiendo un público, una élite, poseedora de unas tragaderas tan inmensas como su ceguera crítica. Así que partamos del propio límite que había sondeado Tiago Rodrigues con la obra que pudimos ver hace dos años, Sopro; donde los actores ya eran despojados de sus personajes para quedarse inermes. Sigue leyendo

Sopro

Tiago Rodrigues rinde homenaje a la apuntadora Cristina Vidal en un espectáculo de corte metateatral y autoficcional

Foto de Filipe Ferreira

Hasta el apuntador. Así que hemos de suponer que el metateatro, género otrora de vanguardia, explotado hasta la saciedad ―en los últimos tiempos entreverado con la autoficción― cierra ciclo. Sobre el teatro en sí, sobre sus aledaños, sobre su ontología y su metafísica, sobre el desguace del intérprete, sobre la ruptura de la cuarta pared, sobre la reconfiguración del espectador, ya estamos saturados. ¿Tiene algo que decirnos, más allá de las anécdotas más o menos curiosas, una apuntadora? ¿Se puede hacer una obra de teatro sobre una mujer vestida de negro para confundirse con las sombras escondida en una concha para soplarle el texto a esos actores que se quedan en blanco en un momento determinado? La respuesta debería ser no. Pero existe un estilo teatral que consiste en exponer, explicar y narrar la idea sobre una obra de teatro que, en verdad, se está haciendo en ese preciso instante al escenificarlo (la idea se difumina y queda el esbozo del proyecto). Únicamente tomando referencias de esta temporada se pueden poner algunos ejemplos: Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, Los otros Gondra e, incluso, El sueño de la vida. La cuestión es que la perspectiva conceptual pretende que todo el material, en apariencia, se plasme ya en las tablas. Desde el día del chispazo creativo hasta el punto en el que termina la propuesta. Sigue leyendo