Oriol Pla sobredimensiona el lenguaje del clown para desarrollar una sátira sobre nuestras formas de consumo

Tan buenas sensaciones ha creado Oriol Pla tras presentarnos en Madrid Travy y de que lograra un éxito supremo con la serie Yo, adicto que, quizás, los espectadores vayan a negar una obviedad: este espectáculo no está, ni mucho menos, pulido. Claramente, la última hora de performance rebasa la sobredimensión. Produce un alboroto tremendo y propicia el arrebato. Pero antes hemos tenido un prólogo demasiado extenso y, después, una pérdida de ritmo flagrante, con un proceso larguísimo, inconsecuente y aburrido hasta que llegamos a los dos sketches más sobresalientes. Sigue leyendo







