Mireia Gabilondo firma y dirige esta dramedia en el Centro Dramático Nacional para abordar conflictos de salud mental

En la abundancia de obras en las que últimamente está enfrascados los de Tanttaka Teatroa parece que el tono fabulístico con derivas didácticas se asienta de forma imperante. Si hace unas semanas El nadador de aguas abiertas nos daba una lección de amistad y de valentía, la temporada anterior era Del color de la leche, con esa muchacha analfabeta que interpretaba Aitziber Garmendia, donde hallábamos otros ejemplos vitales. Precisamente, esta misma actriz logra con el texto que firma Mireia Gabilondo una actuación espléndida y repleta de dificultades. Sigue leyendo

¿Ha intentado David Trueba hacer un refrito de su cine más costumbrista para ir sobre seguro en su primera aproximación a las tablas? Apostemos a que sí. Rebuscar en el pasado para describir a gente de su generación. Fijémonos en Casi 40. Tengamos, también, en cuenta que ambos actores trabajaron a las órdenes del director en A este lado del mundo. Además, podríamos considerar algunas de sus novelas, como Cuatro amigos. Ciertamente al autor le gusta penetrar en la realidad española y abordar aspectos a veces desapercibidos. Por eso es capaz de incluir elementos humorísticos extraídos de sus admirados Berlanga y Azcona. Aunque en esta obra teatral se eche de menos esa comicidad un tanto paradójica. 



En la actualidad, aunque, evidentemente, viene de lejos, la lista de cortos cinematográficos de animación mudos y multipremiados que desarrollan cuitas morales y que adoptan una postura pedagógica es inmensa. Hay películas técnicamente maravillosas que logran contar historias de calado muy bien llevadas. Claro que hablamos de ese límite que impone la infancia, la adolescencia o el potencial grupo de espectadores sensibilizado con una alguna dolencia, trauma o padecimiento (algún ejemplo puede ser Ian, de Abel Goldfarb. Hay infinidad). 