El director y dramaturgo Milo Rau continúa insertando vídeo en sus propuestas teatrales para indagar en la enfermedad y en la muerte

¿Hasta qué punto estamos fuera de contexto con el planteamiento de Milo Rau? Hace pocos meses disfrutamos de su montaje Antigone in the Amazon, algo bastante más elaborado que esta función en el María Guerrero. Quienes hayan seguido la trayectoria de este director no les extrañará, en absoluto, el uso de vídeos con los que algún intérprete interactúa. Una forma de crear nuevas perspectivas, desde luego; pero también de abaratar costes, acortar distancias (nos ha trasladado de lugares realmente alejados; fijémonos, por ejemplo, en Orestes in Mosul) o, como ocurre de forma muy justificada en el espectáculo que nos compete, para eternizar a una persona que nos ha dejado. Sigue leyendo
En la actualidad, aunque, evidentemente, viene de lejos, la lista de cortos cinematográficos de animación mudos y multipremiados que desarrollan cuitas morales y que adoptan una postura pedagógica es inmensa. Hay películas técnicamente maravillosas que logran contar historias de calado muy bien llevadas. Claro que hablamos de ese límite que impone la infancia, la adolescencia o el potencial grupo de espectadores sensibilizado con una alguna dolencia, trauma o padecimiento (algún ejemplo puede ser Ian, de Abel Goldfarb. Hay infinidad). 





Quiero pensar seriamente en qué se diferencia esta función de Los Bárbaros en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero de un cuentacuentos cualquiera en alguna maravillosa biblioteca —sí maravillosa, porque el entorno influye—. Sinceramente, creo que este espectáculo pretende descubrirnos nuevamente el fuego dándonos a entender que esto de relatar historias en la cercanía es cosa del pasado.