Carlota

Carmen Maura vuelve a subir a las tablas del María Guerrero a propósito de Carlota

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Resulta insólito encontrar una obra de teatro escrita en castellano que trate el género negro, con humor negro, en la negritud de Londres. En la versión dirigida por Mariano de Paco, los tintes cinematográficos están presentes desde el principio con unos títulos de crédito y una música de toque Hitchcock que propician una entrada en la obra trepidante, graciosa, inusitada (hablando en inglés como si en realidad fuera en castellano). Esa es la gran maestría de Mihura: imponer un tono desde el mismo inicio, que no suelta en ningún momento, con una coherencia tan aplastante y tan duradera que no es capaz de evitar enrollarse en sí mismo con su propio desenlace. Este es un defecto que también encontramos en Maribel y la extraña familia, por ejemplo. A Miguel Mihura le falta determinación para zanjar el asunto y en Carlota lo comprobamos aún más cuando en las habituales explicaciones detectivescas de este tipo de obras (fundamentalmente en las novelas), el barajeo de nombres, de posibilidades, de hipótesis, de conclusiones llegan al paroxismo, máxime si la función se presenta a modo de flashback mientras el cuerpo de Carlota se enfría a la espera de un asesino manifiesto. Sigue leyendo

Doña Perfecta

El Teatro María Guerrero (Madrid) acoge de nuevo la confrontación entre la costumbre rural y la modernidad urbana

DOÑA-PERFECTA-2-Foto-Andrés-de-GabrielBenito Pérez Galdós escribió la novela Doña Perfecta con la firme intención de construir un mundo alegórico donde se vieran representados esos frenos de la España decimonónica que no la dejaban avanzar. Después la convirtió en obra teatral y ahora Ernesto Caballero la repone tras la buena acogida de la anterior temporada. Sigue leyendo

Ubu Roi

Declan Donnellan regresa a Madrid con su particular versión de Ubú Rey
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¿Cómo desconcertar al espectador actual con la representación de una obra ya de por sí desconcertante? Haciendo un salto mortal con tirabuzón y medio. Declan Donnellan, el irlandés fundador de la compañía Cheek by jowl, presenta en el María Guerrero un Ubú Rey totalmente posmoderno en forma de hecatombe grandiosa con pinceladas de humor inglés y con unos actores entregados en alma y, sobre todo, en cuerpo a una cagalera fundacional. Desde el preludio, un niño, un muchacho revoltoso que con su cámara de vídeo expresa la cocción fantasiosa que se está produciendo en su mente, ya supone un primer instante de estupefacción. Estamos en el apartamento impoluto como el tapiz de Pollock antes de iniciar su action painting. Se espera a unos invitados. El tiempo pasa, se escuchan las noticias de la radio. ¿Dónde está el tío Ubú? Pues en la imaginación materializada de aquel chaval que, aburrido, desea jugar con aquellos adultos a Macbeth. Sigue leyendo