Galdós: sombra y realidad

El Teatro Español acoge una propuesta desatinada sobre el célebre novelista, que firman Verónica Fernández e Ignacio del Moral

Foto de Esmeralda Martín

Repitamos por aquí que, si alguna razón de ser tiene celebrar los cien años de la muerte de Galdós, es para hacer revivir su obra; porque, como ocurre con toda la Literatura (sí, en mayúsculas) languidece por momentos. Hasta ahora, en el teatro, hemos podido contemplar varios proyectos de dudosa calidad y ninguna de ellos ha sido una representación o una adaptación de alguno de sus textos teatrales (salvo esas lecturas dramatizadas que dan la impresión de querer cumplir con un programa de festejos sin apostar verdaderamente por la causa). Parece que, sorpresivamente, su vida personal ha interesado más a los dramaturgos; aunque no tanto, a tenor de lo contemplado. Porque, si hace unas semanas me sentía decepcionado con el montaje Bien está que fuera tu tierra, Galdós; ahora me ocurre lo mismo con esta propuesta del Teatro Español. No se entiende bien a quién puede ir dirigido este deambular entre personajes y amantes de don Benito; puesto que no aporta gran cosa en un itinerario harto superficial. Y, lástima es afirmarlo, aburrido. Solo se puede entender este texto, si pensamos en un encargo; si elucubramos sobre unos límites impuestos (o excesivamente autoimpuestos); porque Verónica Fernández e Ignacio del Moral (recordemos que es el autor de la magnífica Espejo de víctima) firman un proyecto hecho a retazos, una fantasmagoría que no conduce ni al conocimiento del protagonista, ni a la semblanza aproximativa de su vida, ni a provocar en los espectadores unas sensaciones que los acerquen a una época. ¿Qué posibles espectadores? ¿Iletrados, turistas extranjeros, despistados que han oído hablar de uno que escribía muy bien? Sigue leyendo

Mauthausen. La voz de mi abuelo

Pilar G. Almansa dirige el conmovedor recuerdo de Manuel Díaz Barranco, interpretado por su propia nieta

A cuenta de la Historia como asignatura en los institutos, un profesor, hace unos días afirmaba que los alumnos saben mucho más del Holocausto nazi que de la Guerra Civil española o del franquismo. Hay temas que se han abandonado y otros que no tienen freno. Lo cierto es que, si nos sigue pareciendo interesante y persuasivo, bien podemos continuar escudriñando la Segunda Guerra Mundial; puede ser un gran antídoto contra los agoreros y los quejicas de nuestro tiempo. Hace poco hablaba por aquí de Mi niña, niña mía que aún se representa en el Teatro Español; y hace unos meses se proyectaba la película de Mar Targarona, El fótografo de Mauthausen, sobre la vida de Francisco Boix y sus peripecias heroicas para salvar los negativos que propiciarían algunas de imágenes más terroríficas del siglo XX. Al hilo de aquellos españoles que fueron «concentrados» en aquel campo austriaco, ya tuvimos en 2014 una obra teatral que remitía al asunto, El triángulo azul, de Laila Ripoll y Mariano Llorente. Ahora es Pilar G. Almansa quien ordena la historia de Manuel Díaz Barranco para propiciar este drama. Sigue leyendo