Kebab

Un duro texto de la rumana Gianina Cărbunariu sobre los jóvenes europeos que deben buscarse la vida fuera de sus países

Poco a poco vamos conociendo más ampliamente la obra de Gianina Cărbunariu, una dramaturga rumana de 42 años que ya es un referente del teatro político en su país. En España ya se han representado De vânzare / For sale (su mejor espectáculo de los vistos), Elogio de la pereza, que fue presentado en CDN la temporada anterior y, ahora, Kebab. La historia con la que nos topamos en Nave 73 es realmente dura y nos habla de las condiciones a las que se ven sometidos unos jóvenes emigrantes rumanos. Enseguida comprendemos que podrían ser perfectamente españoles que han viajado a Irlanda para buscarse la vida. Es un tipo de función que nos recuerda mucho al cine de Ken Loach o al de los hermanos Dardenne; pero por el cariz que toman los acontecimientos en la obra que nos compete, podemos pensar en la última película de Jaime Rosales, Hermosa juventud, donde una pareja de veinteañeros se ve abocada a grabar porno amateur. Inicialmente conocemos a Madalina (Matti), una ingenua muchacha que está viajando a Dublín para reunirse con su novio. En el avión conoce a Bogdan, un compatriota que lleva el mismo destino y que tiene la intención de completar sus estudios de artes visuales. Sigue leyendo

Beatrice

José Gómez-Friha regresa a La hostería de la posta de Goldoni con una mirada feminista que actualiza este texto del neoclasicismo

Regresar a los inicios es una inmejorable manera de reforzar los planteamientos estéticos que pusieron en marcha a Venezia Teatro y, tal y como han ido las cosas, además; sirve para enlazar lo último con lo primero. Puesto que, si hace unos meses en la versión de Casa de muñecas, el portazo de Ibsen hacía mutis; ahora lo tenemos de vuelta, trasplantado al siglo XVIII de Goldoni; y le viene estupendamente. Porque hay que reconocer que a nuestros ojos el didactismo de los ilustrados se nos queda corto. Como sabemos, las reglas del teatro neoclásico también se nos quedan algo escuetas; así el acontecimiento será tan concreto como la lección que se nos quiera impartir. Y, por lo tanto, para ganar nuestro interés, la mano del dramaturgista deberá poseer la habilidad de propiciar un brío y una astucia escénica adecuada. Y este es el gran mérito de José Gómez-Friha, quien ha dotado a su Beatrice (basada en La hostería de la posta) de la ironía precisa y de las intenciones políticas que doten a su protagonista del hálito libertario que ya tuvieron algunas de esas damas por aquellas épocas. Sigue leyendo