La estancia

Un encuentro brillante entre dos dramaturgos, Shakespeare y Marlowe, para especular sobre su verdadera identidad

La importancia que tiene la figura de William Shakespeare para el mundo anglosajón no solo radica en su valor literario; sino, también, en su influencia política. La cultura con mayúsculas siempre ha sido esgrimida por las naciones como producto genuino y excelso de su poder en el mundo. Por lo tanto, defender al Bardo ha implicado soslayar multitud de teorías ―algunas de ellas más que verosímiles―; con el fin de tener un embajador universal que superase, sin ir más lejos, a Cervantes. Sigue leyendo

Sueños

Gerardo Vera monta un «infierno blanco» en el Teatro de la Comedia para escenificar las sátiras quevedescas

Lo tópico para representar unos textos tan señeros como estos de Quevedo, hubiera sido acogerse a un cuadro viviente del Bosco y llenarlo de caricaturas y de seres degradados por el vicio; pero Gerardo Vera ha desarrollado una contradictio in adjecto, es decir, un espectáculo barroco minimalista. Aunque antes de enfrentarnos a la función que nos compete, es pertinente situarnos en 1604. Nuestro insigne escritor se encuentra en Valladolid, donde también habitan Cervantes y Góngora. Por aquellas comienza a cartearse con el humanista Justo Lipsio (1547-1606), introductor de la sátira menipea, gracias a su Somnium; además de ser uno de los precursores del neoestoicismo en Europa. Esta influencia será básica para la creación de los Sueños, compuestos a lo largo de varios años, cuando no había cumplido los 30; luego, en 1629, preparó una nueva edición en la que depuraba ciertas insolencias acerca de la religión, y que publicó en 1631. En total son cinco discursos, cinco ensoñaciones donde pretende moralizar, criticar y expurgar la sociedad de su tiempo; para ello se acoge a los recursos propios del conceptismo, para deformar y parodiar las faltas de la virtud en un ambiente por momentos surrealista. Sigue leyendo

Entremeses

Suben al escenario tres de los más célebres entremeses de Cervantes, cuatrocientos años después de su publicación

EntremesesRegresa José Luis Gómez con la selección de tres de esos Ocho entremeses nuevos nunca representados que se editaron junto a las comedias en 1615. La propuesta une las tres piezas mediante la ilación musical y los bailes con los que el elenco mantiene viva la acción dramatúrgica. La limpieza del escenario, con un árbol en el centro, lleno de simbolismo, rodeado todo ello de los cachivaches, el atrezo, la vestimenta, unas sillas y, sobre todo, el instrumental necesario para la ambientación musical y los efectos sonoros que apuntillan las situaciones (portazos, chirridos de puerta, tormentas,…) de los que se encarga fundamentalmente Eduardo Aguirre de Cárcer, que además actúa y toca diversos instrumentos. Todo parece un patio andaluz predispuesto al jolgorio. Sigue leyendo

La puta enamorada

La belleza, el amor y el poder suben a escena de la mano de Velázquez y la Calderona

A1-34055290.jpgLa certeza es el cuadro de La venus del espejo (actualmente expuesto en la National Gallery) y la ficción, mucha ficción, es la vida imaginada de Diego Velázquez y de María Calderón, la Calderona (amante de Felipe IV), en el Madrid maloliente donde transcurre el encuentro entre los dos personajes.

Digamos que el texto es una gran juego barroco al que no hay que buscarle razones a sus anacronismos, porque de lo que se trata es de crear un mecanismo donde la belleza, el amor y la picardía quevedesca establezcan una dialéctica a tres bandas bajo el contexto del siglo XVII, cuando Calderón de la Barca comenzaba a despuntar y la Plaza Mayor humeaba interminablemente. Sigue leyendo

El cojo de Inishmaan

Llega a Madrid la versión de la exitosa obra de El cojo de Inishmaan

cojo_inishmaan_escena_07La tragicomedia de Martin McDonagh que Gerardo Vera trae al Teatro Español se vertebra mediante una capa de humor cáustico que sirve de parapeto a los habitantes de Inishmann. Las exageraciones caricaturescas llevadas al límite de la crueldad, la colección de coletillas, de motes, de comparaciones odiosas, de sinceridad hiriente esconden la dureza de una tierra de la que da buena cuenta el famoso realizador Robert J. Flaherty (conocido por su cinta Nanuk, el esquimal) en un documental que pretende rodar en las islas de Arán. La aridez del terreno, la humedad y el viento, la dureza, en general, de ese clima contrasta con las vidas aparentemente simples de los personajes de El cojo de Inishmann; más, incluso, si la escenografía peca de austera. Por eso, quizás, no seamos muy conscientes del modo de vida de aquellos individuos que no paran de tirarse los trastos a la cabeza y que acaban siendo gentes entrañables, para un lugar demasiado agreste. Sigue leyendo