Marat-Sade

Luis Luque presenta en el Matadero una versión espectacularizada de la obra de Peter Weiss, con una clara pátina pop

Marat-Sade - Foto de Jesús Ugalde
Foto de Jesús Ugalde

Si uno de los hitos teatrales del siglo XX se quiere seguir representando para lograr significancia en el público contemporáneo, y asumir las resonancias sobre luchas que hoy, de formas mucho más sofisticadas, siguen vigentes; entonces es muy conveniente apostar por otras vetas estéticas. Eso ha pretendido Luis Luque con suficiente riesgo; lo que nos deja como resultado un balance positivo y satisfactorio. Primeramente, hay que destacar la escenografía que ha ideado Monica Boromello para la sala Fernando Arrabal del Matadero. El sanatorio más limpio jamás imaginado, tan moderno como pulcro; aunque no se vean, uno podría imaginarse cámaras vigilándolo todo. Es una diafanidad tan gigantesca que, en ocasiones, cuesta llenarla a pesar del extenso elenco. Posee una luminosidad (David Hortelano potencia la blancura torticera) que redunda en una asepsia que va más allá de lo aparente ―como veremos―. La bañera de Marat ocupa el centro como el sarcófago (dispuesto para devorar esa insoportable dermatitis seborreica) donde se hospeda el «amigo del pueblo». En esa geometrización, otro prisma se alza al fondo como un dios de la razón en el que se plasman las impactantes e ilustrativas proyecciones de Bruno Praena. Creo que lo más sugerente de todo el montaje es la música de Luis Miguel Cobo y la interpretación que de ella realizan los cuatro cantores, la banda de rock, con la compacta y lisérgica coreografía de Sharon Fridman. Sigue leyendo

Placeres íntimos

José Martret exprime la esencia de esta obra del sueco Lars Norén sobre las grietas emocionales ante la muerte de una madre

Hace prácticamente unos años pudimos ver en funcionamiento el texto de Lars Norén, Demonios. Aquel estilo cortocircuitado se desarrolla de forma parecida en este Placeres íntimos. José Martret ha tenido el acierto de reducir una obra de cinco horas a poco más de una y media. De hecho, se pueden identificar redundancias temáticas como un torbellino sin control que con un exceso de minutos habrían llevado al traste y a la inconsistencia toda la función. Me da la impresión de que la inevitable vis cómica de Javi Coll y de Toni Acosta, ha escorado el espectáculo, en ciertos momentos, hacia la comedia de situación; y nos ha podido confundir en cuanto a la trascendencia que subyace. Ambos dieron una verdadera lección de sus capacidades en esa genialidad llamada La estupidez. Isis de Coura y el propio director han diseñado una acogedora vivienda sueca forrada de madera, con elementos que nos dan a entender rápidamente qué ambiente afable se puede respirar allí: una combinación de muebles clásicos con otros, como la butaca giratoria, de aire más moderno. Un cochecito para algún niño. Sigue leyendo

La fundación

Una de las obras más modernas del dramaturgo recreada en La Pensión de las Pulgas

La fundación - FotoUna de las obras que mejor ha resistido el paso de los años dentro de la bibliografía de Antonio Buero Vallejo es La fundación. Es un texto doble, una propuesta que posee dos grandes puntos de interés. Por un lado, la evasión mental como procedimiento interno para lograr la supervivencia en un caso extremo; y, por otro lado, la evasión física a través del ingenio, es decir, no perder la esperanza de alcanzar la libertad cuando las posibilidades son mínimas. La fundación es un envoltorio de casi ciencia-ficción creada por la imaginación de Tomás, un recluso condenado a muerte. Sus compañeros de celda lo acompañan en su paranoia con el fin de que no sufra ante la verdad. Ese juego de realidad-ficción dentro de la propia ficción es el mayor acierto del autor, gracias al uso de la elipsis, del encubrimiento. Y, por la misma razón, la pega más acusada es la concatenación de anagnórisis que se exponen al final de la primera parte. Tanta explicación rompe la magia del teatro. Quizás, Ruth Rubio debería haber enmendado al dramaturgo. Por qué descubrirle al protagonista y, a la sazón, a todo el público, la historia que le ha llevado hasta allí si él mismo va a ir recordando y asumiendo la situación. Cierto es que la tensión dramática vuelve a surgir en la segunda parte, desde una perspectiva más realista, cuando los prisioneros se afanan por buscar una solución. Todo ello nos recuerda inevitablemente a todos esos filmes carcelarios como La gran evasión o, la obra maestra, Un condenado a muerte se ha escapado, de Bresson. Sigue leyendo