Antonio C. Guijosa le cede el protagonismo a Ismene, la hermana de Antígona, en la Sala Cuarta Pared
A lo largo de estos años la tragedia sofoclea de Antígona se ha visitado abordado desde perspectivas muy distintas, ya sea desde el activismo político de Milo Rau en Antigone in the Amazon hasta el cambio de sexo de Creonte, cuando Carmen Machi lo interpretó, pasando por propuestas más convencionales como la dirigida por David Gaitán en 2021. También hemos podido contemplar a los personajes de esta obra en diferentes proyectos como, por ejemplo, en Jasón y las Furias, que puso en escena el propio Antonio C. Guijosa. Ahora el dramaturgo se fija en Ismene, aquella superviviente del grave conflicto que se originó en Tebas, cuando los herederos de Edipo, sus hijos Eteocles y Polinices, decidieron turnarse en el gobierno, pero después el primero se negó a entregar el trono. La guerra entre ellos terminó en un auténtico desastre: ambos fallecidos. Sigue leyendo

¿Es esta adaptación de Eduardo Galán la adecuada para un amplio público sin minusvalorar en exceso el original? Algunos pensarán que sí. Esto implica, necesariamente, un recorte superior al deseable (no voy a venir aquí con el consabido debate sobre el género literario de este clásico; pero es evidente que llevar a escena el texto completo supondría superar las tres horas de función). Amén de ajustar el lenguaje a un vocabulario mucho más cercano y con una pronunciación contemporánea. Más tajo encontramos con los personajes. Como suele ser habitual, el rufián Centurio desaparece, igual que los criados ─sustitutos de los ajusticiados─ Tristán y Sosia; así como Alisa, la madre de Melibea. No queda otro remedio si se anhela concentrar el argumento y emplear un elenco breve.