Una adaptación demasiado luminosa firmada por Eduardo Galán del drama de Arthur Miller sube al escenario del Teatro Fernán Gómez

En los últimos años Arthur Miller ha mantenido su vigencia con montajes de éxito como Muerte de un viajante ─también tuvo relevancia El precio─. Lo cierto es que otras obras reverberan con más interés en el presente por las denuncias que anidan en sus argumentos. Así ocurrió con Las brujas de Salem en relación a la libertad de expresión y vuelve a pasar ahora con Panorama desde el puente (podemos recordar aquella puesta en escena protagonizada por Eduard Fernández), que pone encima de la mesa la eterna problemática de la migración. Es patente que las detenciones abruptas y violentas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) resuenan en esta función. Sigue leyendo
Seguir interpretando el más célebre de los dramas de Arthur Miller como una crítica al capitalismo o una manifestación decadente del sueño americano, me parece hilar poco fino y quedarse en el estereotipo. Willy Loman se ha convertido en un símbolo de la impotencia, de ese impulso voluntarista que lo pone frente al volante en el autoengaño de una existencia que nunca llega a ser la que él había imaginado o, si le quitamos responsabilidad, le habían hecho imaginar. Ahora vuelve a estar sobre el tapete la cuestión de la meritocracia a consecuencia del exitoso libro de Michael Sandel; pero nosotros no observamos exactamente un despliegue de méritos en nuestro protagonista; sino una manera de trabajar que se autoafirma en la cantidad, en todas esas horas que se deben echar para obtener unas ganancias aceptables; y en ínfulas tipo: «Un hombre que no sabe usar las herramientas no es un hombre». 

