La escopeta nacional

La película de Berlanga se traslada al Teatro Español atravesada por la astracanada con una dirección de Juan Echanove magnífica

Foto de Javier Naval

Juan Echanove se ha enfrascado en diversos proyectos teatrales en los últimos tiempos, y algunos de ellos poseían una carga política evidente. Desde una parte más seria y trágica podemos recordar La fiesta del chivo, pero desde un lado más cómico también tenemos Ser o no ser. Ahora contaba con la oportunidad de que las tropelías de los mandamases de antaño reverberasen con la insoportable actualidad de nuestros dueños y señores. No obstante, ha optado por conceder a Bernardo Sánchez Salas la autoría de la adaptación. Este es un conocedor y estudioso de Rafael Azcona y yo pienso que, en gran medida, lo ha traicionado. Aquí se ha impuesto la lupa de la astracanada y varios de los personajes que en la película ofrecían un hálito de sensatez aquí se lanzan por el desvarío. Sigue leyendo

Otelo

El Teatro Bellas Artes acoge una de las grandes obras del Shakespeare madurootelo-eduardo-vasco

Una de las obras de Shakespeare más definidas en su argumento, más claras en la construcción y, también, más sencillas en la trama es Otelo. Esto nos debe servir para que fijemos nuestra atención en el cinismo de vaivén que profiere Yago, quien verdaderamente ejerce de antagonista abyecto y persuasivo, además de poseer los mimbres que desencadenan toda la tragedia. La presencia en escena de Daniel Albadalejo (ya lo disfrutamos anteriormente en La lengua en pedazos) como el moro de Venecia y de Arturo Querejeta como Yago en una pulsión de fuerzas memorable, nos puede llevar a imaginar que tan solo ellos llevan la obra, con esa transformación tan dinámica y redonda de sus personalidades. Su energía dramática es tal que, en cierta medida, eclipsan al resto del reparto, entre los que destaca Lorena López como Emilia (mujer de Yago) y Fernando Sendino como Casio. La codicia, el alcohol, la astucia, el impulso por medrar y la envidia se muestran en una escenografía sencilla donde unas enormes puertas a modo de retablo se alzan al cielo desde el mismísimo centro, mientras la música es interpretada al piano con gran coherencia trágica por Ángel Galán. Además, el vestuario de Lorenzo Caprile, en verdad elegante y favorecedor, fundamentalmente en los hombres, pertrechados por casacas negras nada ampulosas. Elementos que favorecen el desenvolvimiento del gran Yago y el enorme Otelo quienes en varias ocasiones se aproximan hacia el público sentados en las escaleras a dictar sus meditaciones, sus verdaderas intenciones, sus miedos, sus tretas, logrando una comunicación superior.  Sigue leyendo