Inés Collado y Cristina Marín-Miró proponen una mezcolanza inasible sobre unas entrevistas realizadas por Carmen de Burgos

Habitualmente el ansia formalista de algunos y de algunas dramaturgistas los evade del objetivo primordial. Su formación postdramática los aleja tanto del naturalismo que se pierde el motivo esencial de la representación. Estamos ante un ejemplo claro de tal tesitura. Apuesto a que ninguno de los espectadores que acudan saldrán de la sala con la sensación de haber descubierto a Carmen de Burgos o de haberse ilustrado acerca de alguna de las artistas que ella entrevistó. ¿Dónde están los nombres propios en esta obra? Todo un mejunje de juegos metateatrales que se resuelve en cuarenta y cinco minutos. Cuesta pensar qué han querido realizar Inés Collado, de quien tenemos noticia por su proyecto Ya no queda nada de todo esto (o de su intervención en De la juventud), y Cristina Marín-Miró, a quien hemos disfrutado estos pasados años por sus interpretaciones en el Teatro de la Comedia (Fuenteovejuna o Don Gil de las calzas verdes).
Partimos de las muchas publicaciones que llevó a cabo Colombine en su oficio de periodista. Mujer todavía no suficientemente celebrada a pesar de los diversos documentales y libros que en los últimos tiempos dan cuenta sobre ella. Con frecuencia, su amorío con Gómez de la Serna la ensombrece. A tenor de lo escuchado en escena apenas se elabora un esbozo biográfico para señalar sus labores como corresponsal. Primero recopiló 25 de sus interviús en Confesiones de artistas en 1915 y luego compiló un segundo tomo en 1917 titulado Confidencias de artistas.
Inicialmente, la propia Inés Collado toma la palabra. Algo dubitativa, como si aún no se hubiera hecho con el papel, con un tono demasiado juvenil y hasta jovial. La escritora se cuela en un camerino cualquiera y por ahí se introduce una Almudena Pascual que entra y sale con un vestido distinto. Y esa es la idea. El batiburrillo. Qué más da la entrevistada si todas dicen cosas parecidas (debieron considerar). Bonita forma de boicotear a la autora. En cualquier caso, la joven se maneja con brío y agilidad para divagar sobre puros, compañías, contratos y otras cuestiones de carácter laboral.
Por momentos uno piensa que le pueden estar hablando de Margarita Xirgu o, incluso, de María Guerrero en sus andanzas en el Teatro de la Comedia, el Lara y la Princesa. O, directamente, de Catalina Bárcena (o Bárcenas), la otra célebre intérprete de la época junto a las otras dos. De ella se coge su reflexión sobre Hamlet, de cómo su deseo máximo es interpretar un personaje así. En otros instantes atendemos cómo se discurre sobre la búsqueda de la «naturalidad» o de lo fundamental que es aprenderse bien el texto y no recurrir al apuntador. Sin embargo, son frases que se aúnan sin diferenciar quién las dice. Resulta tan azaroso el planteamiento que un espectador «decide» qué semblanza nos van a leer del tomo que sostienen en la mano. Qué importa si es la actriz Adela Carbone, conocida como La Tanagra, pintada por Julio Romero de Torres, o Carmen Cobeña, la que fuera abuela del cineasta Jaime de Armiñán. Como no podía ser menos en una función así, lo leído les vale para demorarse en la práctica de los célebres versos del príncipe de Dinamarca. Por lo tanto, esas cómicas se convierten en una especie de guías para estas intérpretes contemporáneas. El esperado giro metateatral, cuando el montaje definitivamente se va por los cerros de Úbeda.
Por otra parte, estaría el juicio que nos pueden generar estas interviús como de revista en la peluquería, entre cotillas y superficiales, donde sí podemos hallar alguna meditación interesante sobre la profesión o la manera que tenían estas actrices de preparar sus papeles. No obstante, hay mucha paja, mucha superficialidad sobre vestimentas y maquillajes.
Berta Navas se ha preocupado de seleccionar un vestuario coherente y atractivo. Prendas que se ponen delante de nuestros ojos para que podamos ver el guardainfante mientras se intercambian la indumentaria y el rol las dos protagonistas. Después, la escenografía contribuye a la mezcolanza general de ese supuesto camerino que resguardaba la intimidad de las artistas.
En definitiva, estamos ante un espectáculo que no logra ofrecernos ningún asidero solvente al que agarrarnos para comprender y disfrutar lo que estamos observando.
De: Carmen de Burgos (Colombine)
Dirección y dramaturgia: Inés Collado y Cristina Marín-Miró
Dirección escénica: Inés Collado
Reparto: Inés Collado y Almudena Pascual
Voces en off: Mercedes Borges, Rocío Collins, Raquel Fuentes, Paula Gironi, Cristina Marín-Miró, Macarena Molina, Puy Navarro, Sáhara Peña, Micaela Portillo e Irene Serrano.
Escenografía y vestuario: Berta Navas
Iluminación: Elena Santos
Espacio sonoro: José Pablo Polo
Ayudante de dirección: Daniel Guerro
Asesoría Proyecto ROAD: Alberto Velasco
Producción ejecutiva: Rosel Murillo Lechuga
Producción: drift
Agradecimientos: Academia de las Artes Escénicas de España, Ayuntamiento de Alcalá de Henares (Madrid), Nave73 y a AISGE
Teatro Español (Madrid)
Hasta el 8 de marzo de 2026
Calificación: ⭐
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