Rota. Frida frente a Frida

Asu Rivero crea en la Sala Cuarta Pared un espectáculo sinestésico sobre la pintora Frida Kahlo

Rota. Frida frente a Frida - Foto de David Pérez y Javier Sánchez-Guerrero
Foto de David Pérez y Javier Sánchez-Guerrero

Si hoy el icono de Frida Kahlo es un disfraz permanente en celebraciones, incluso, de Halloween, aunque sea a través de la película Coco, pienso que se hace imperioso ofrecer un espectáculo que profundice en su figura y en las dimensiones políticas, estéticas o éticas que vertebraron su biografía. Si esta artista debe tener alguna consideración, habrá que indagar, digo yo, en sus valores; pues realmente el souvenir se ha comido a la persona. Su diadema de flores hace mucho que no remite al folclore de Oaxaca; sino al de la moda occidental en Vogue.

En este sentido, la propuesta de Asu Rivero sortea cualquier asunto escabroso para destinarnos a un texto muy divagante, que recorre la muerte, el dolor, el amor, el arte y la vida, en cinco episodios, que avanzan uno sobre otro sin aquilatarse. Una apuesta sí, por la vida, y hasta por el más allá, recogiendo las tradiciones chamánicas de Méjico, y celebrando la existencia con tequila y otras bebidas de igual graduación, a pesar de sus padecimientos físicos. Se antoja modesta la conceptualización, con poco fuste, escasamente nombrando a su esposo Diego Rivera ─tortuosa relación; pero imprescindible para comprender su personalidad─ o a otros individuos ineludibles como Trotski. Los nombres propios quedan fuera del marco y eso favorece aún más la inconcreción. Parece que lo esencial de la función está en la sugerencia estética y en seducirnos sensorialmente. Así nos debe impactar Luciana Drago recreando el cuadro La columna rota, aquella pintura de la propia Frida con la sustitución de sus vértebras por toda una columnata jónica y las cinchas que sujetaban su maltrecho esqueleto después del accidente de autobús a temprana edad. Aceptemos, por supuesto, que la actriz, en este trasunto, debe imponer el estatismo. También es cierto que su ímpetu es certero e intenso, y que frases casi convertidas en lemas reverberan con potencia: «Nada es absoluto, todo cambia, todo se mueve, todo vuela y se va» o «vive la vida con quien te dé la vida». Por lo tanto, el dinamismo corre del lado de su comadre Casilda, amiga invisible, confidente, daimon desbravado que Raquel Sánchez interpreta con su danza, con su agilidad y una elocuente versificación. El lirismo se aproxima con gusto lúdico al creacionismo de Huidobro, con todas esas paranomasias que parecen destinarse al infinito. Contribuye esto, precisamente al colorido del montaje, a esa sensorialidad modernista que se aprecia. Se nos quiere conquistar por los sentidos. Así, David Utrilla ha colocado un columpio para que este espíritu juguetón se balancee con frenesí. Las velas repartidas por doquier introducen una luz muy cálida. Además, el alcohol se agota de las botellas que pululan por el espacio. Hubiéramos brindado con generosamente (quedó para después). Añadamos espejos y flores. Y un colofón espléndido con cuatro mariachis irrumpiendo en ese funeral festivo, con el cuerpo tumbado de Frida, ya dispuesta al auténtico descanso.

Con apenas cincuenta y cinco minutos, se me hizo corta y, como afirmaba antes, escueta en la elaboración de los asuntos más comprometidos; no obstante, reconozco que posee motivos estéticos apreciables.

Rota. Frida frente a Frida

Autora y directora: Asu Rivero

Reparto: Luciana Drago y Raquel Sánchez

Iluminadora: Nuria Henríquez

Escenógrafo y figurinista: David Utrilla

Asesores de dramaturgia: Quique y Yeray Bazo

Fotografía: David Pérez y Javier Sánchez-Guerrero

Producción y comunicación: Cuarta Pared

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 7 de diciembre de 2024

Calificación: ♦♦

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