Una mujer en la ventana

Petra Martínez vuelve a encarnarse, treinta años después, en una anciana despidiéndose de su hogar

una-mujer-en-la-ventana-fotoSupongo que estas historias tan cercanas, tan íntimas y sencillas en su cotidianidad requieren un espectador igualmente próximo, que se esfuerce empáticamente por comprender la melancolía que se va apoderando de esta mujer que poco a poco asume que mañana deberá abandonar su hogar de tantos años. Igual te puedes adentrar con ella en ese recorrido objetual y emotivo, en ese ir y venir entre lo que podrá llevarse y lo que no, en esa traslación imaginativa a lo que será su nueva vida en la residencia y, también, en lo que había sido su existencia hasta ese momento; pero, en contra, puedes quedarte en la superficie, porque el personaje te parezca anodino, corriente y moliente, una mujer más en la vejez, en una atonía sociocultural; puesto que se nos habla desde una época ─hace más de treinta años─ de la que no conocemos en qué circunstancias vivía. Pienso que afirmar aquello de que el tema está muy vigente, es otro de esos tópicos que casi se podría aplicar a cualquier obra. Aquí la cuestión está en los matices, en lo peculiar, en qué nos quiere transmitir esta mujer que nos motive a conocer sus sentimientos, sus temores. Porque está muy bien que uno asuma la tristeza de alguien en sus días postreros en su piso y sus cosas, aunque esa demora en el repaso de los utensilios, la ropa y otros enseres parece, incluso, que cosifica a la propia protagonista. Cada uno de los elementos tendrá su historia, pero apenas se nos deja inmiscuirnos; da la impresión de que el autor del texto, Franz Xaver Kroetz, pretendía lanzarnos un paradigma de aquel tiempo. Actual, digo entonces, sería que el texto se adaptara a los entresijos de la España contemporánea, de la crisis, del acoso inmobiliario, de la gentrificación, de la carencia de residencias en los barrios, de la soledad insoportable de algunos ancianos, de las enfermedades propias de la senilidad, de los alquileres de renta antigua, del desprecio de algunos hijos con sus progenitores, de la carga familiar que suponen los abuelos y todo ese largo etcétera que le ronda al público. Pero todo esto, así, no está en esta función titulada Una mujer en la ventana. Por eso creo que, a veces, cuando nos enfrentamos a un drama conciso y algo simplón, existe cierta tendencia, por causas diversas, a otorgarle virtudes exageradas que no posee. Ello no quita para que Petra Martínez configure un personaje tan entrañable como parece ser la propia actriz, con esa capacidad gigantesca para transformarse súbitamente en una anciana vitalista desde el lloro incipiente y la mirada hueca. Además, tiene la habilidad para que sus pequeñas gracias nos despierten unas sonrisas y sus incursiones humorísticas, ya sea el anecdotario ventoso de su pobre marido o las ironías cuasiabsurdas sobre los cachivaches que trufan su salón, desde la sopera al canapé, nos lleven a la carcajada. Esos momentos logran disuadirnos del desconsuelo que va inundando la noche y el apagado canto de su canario. Viene la obra envuelta en una escenografía de Richard Cernier donde no falta detalle para este piso, con la tetera humeante, su alacena, la radio a válvulas y el butacón indeleble. El espectáculo, como he afirmado más arriba, no me parece que se adentre en las peculiaridades más angustiosas del tema, incluso, en ocasiones se barrunta cierto sentimiento acomodaticio, mientras que en otros instantes el caso se vuelve un tanto naif. Lo que de verdad creo que levanta la función es el epílogo que, tanto el director, Juan Margallo, como la actriz, se han sacado de la manga; consistente en una colección de anécdotas trastabilladas sobre sus avatares en la profesión y unas cuantas críticas al lamentable trato que se le procura a ciertos ancianos. Unos minutos espontáneos, divertidos y agradables de un par de abuelos dispuestos a continuar en la brecha. Un verdadero ejemplo.

Una mujer en la ventana

Autor: Franz Xaver Kroetz

Versión: Manuel Heredia

Dirección: Juan Margallo

Reparto: Petra Martínez

Diseño de vestuario: Francisco Lozano

Diseño y realización de escenografía: Richard Cernier

Diseño de luces: Rafael Catalina

Fotos: Antonio Muñoz de Mesa

Regiduría: Iván Villanueva

Producción: Uroc Teatro

Teatro Español – Sala Margarita Xirgu (Madrid)

Hasta el 23 de octubre de 2016

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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