Una mujer en la ventana

Petra Martínez vuelve a encarnarse, treinta años después, en una anciana despidiéndose de su hogar

una-mujer-en-la-ventana-fotoSupongo que estas historias tan cercanas, tan íntimas y sencillas en su cotidianidad requieren un espectador igualmente próximo, que se esfuerce empáticamente por comprender la melancolía que se va apoderando de esta mujer que poco a poco asume que mañana deberá abandonar su hogar de tantos años. Igual te puedes adentrar con ella en ese recorrido objetual y emotivo, en ese ir y venir entre lo que podrá llevarse y lo que no, en esa traslación imaginativa a lo que será su nueva vida en la residencia y, también, en lo que había sido su existencia hasta ese momento; pero, en contra, puedes quedarte en la superficie, porque el personaje te parezca anodino, corriente y moliente, una mujer más en la vejez, en una atonía sociocultural; puesto que se nos habla desde una época ─hace más de treinta años─ de la que no conocemos en qué circunstancias vivía. Pienso que afirmar aquello de que el tema está muy vigente, es otro de esos tópicos que casi se podría aplicar a cualquier obra. Aquí la cuestión está en los matices, en lo peculiar, en qué nos quiere transmitir esta mujer que nos motive a conocer sus sentimientos, sus temores. Porque está muy bien que uno asuma la tristeza de alguien en sus días postreros en su piso y sus cosas, aunque esa demora en el repaso de los utensilios, la ropa y otros enseres parece, incluso, que cosifica a la propia protagonista. Sigue leyendo