Música para Hitler

Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio nos destinan a un intenso encuentra entre Pau Casal y un oficial nazi

La medida concisión y el clímax que se nos propicia en el desenlace estructuran un proyecto que tiene todos los ingredientes para alcanzar el éxito de ese espectador serio y maduro que tanto anhelan ciertos dramaturgos y directores. No negaré las virtudes del texto firmado por Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio; pero el riesgo y la complejidad artísticos apenas se concitan. Cuando una obra lleva el nombre ‘Hitler’, uno ya sabe que la lucha frente al mal supremo, simbolizado en este dictador, será la razón de ser. Ahora, el montaje al que asistimos, con toda una Sala Roja Concha Velasco a rebosar, nos usurpa un coherente conflicto. Es decir, en cualquier otro esquema dramático o cinematográfico al uso, la duda, la cuita, la posibilidad de una pérdida flagrante o, incluso, dejarse la vida aparecen en algún momento de manera acuciante. Sigue leyendo

Los cuernos de don Friolera

Ainhoa Amestoy plantea una adaptación de este esperpento de Valle-Inclán repleta de motivos grotescos aunando tiempos diversos

Foto de Pablo Lorente

Enfrentarse a este esperpento de Valle-Inclán, incluido, como se sabe, en el ciclo Martes de Carnaval, publicado en su versión definitiva en 1930, no es tarea fácil, por mucho que el argumento sea tan polémico en estos momentos. Formalmente es un desafío, si uno se quiere hacerse cargo de sus diferentes niveles metateatrales, amén de un vocabulario expresionista que posee todas las características ingeniosas del dramaturgo. La mayor pega, sin duda, su extensión y, si acaso, recalcar demasiado las ideas principales. Anhela el autor enmarcar tanto su artefacto que no ceja hasta situar a cada quien como le corresponde. Sigue leyendo

La gran ilusión

Lluís Pasqual regresa a Eduardo de Filippo con elenco argentino para propiciar un mero entretenimiento en los Teatros del Canal

Foto de Carlos Furman

Planteemos si era necesario el programa doble, es decir, insistir con el proyecto que en su momento Lluís Pasqual tituló A teatro con Eduardo. Ahora se nos «vende» como La gran ilusión, aunque el nombre solamente sea indicado para la extensa segunda parte y que es adaptación de la obra La gran magia del dramaturgo italiano. El primer cuadro procede de Señor y gentilhombre, que escribió en 1928. Y pienso que sobra, que no termina de engarzarse con lo que viene después, que es un ejercicio pirandelliano de metateatro que ya hemos visto copiado demasiadas veces en estas últimas décadas. Es un divertimento, donde unos cómicos ensayan su función de la tarde y evidencian que aún les queda mucho para tenerla lista. Así que el apuntador (un Paco Gorriz muy gracioso) tendrá que intervenir «demasiado» para llevar hasta la exasperación al director-protagonista. Poco más, porque no hay más camino que trazar. Sigue leyendo

Hamlet

Declan Donnellan desnuda la escena para que el héroe trágico ofrezca comicidad a su locura en una versión del clásico shakespeariano

Foto de Albert Dobrin

Si hace justo un año los espectadores nos subíamos al escenario de la Sala Verde de los Teatros del Canal para seguir los avatares de Edipo. Ahora, con los mismos rumanos del Teatrul Naţional Marin Sorescu de Craiova, vuelven Declan Donnellan y Nick Ormerod, incansables a pesar del tiempo transcurrido, a sumergirnos en la acción, aunque esta vez sentados, en gradas a dos bandas. Disposición fundamental para que la cercanía sea intensa y el tapiz blanco y central se ilumine con potencia para ser pasarela de moda ridiculizante y pedana de esgrima. Además, el movimiento del elenco será extraordinario, pues surge de improviso por detrás de los asientos, avanzándonos ruidos en las disputas, algunos gritos, algún estruendo. No hay un ejército, pero sí se concitan toda una serie de hombres uniformados ─a lo contemporáneo─ que igual valen de consejeros áulicos que de agentes del servicio secreto de su majestad. Sigue leyendo

Todos pájaros

Drama familiar con el trasfondo árabe-israelí, firmado por Wajdi Mouawad y dirigido por Mario Gas en los Teatros del Canal

Todos pájaros - Foto de Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Sigue siendo la realidad tozuda e imperante. Si la semana pasada, Wajdi Mouawad nos devolvía a la tesitura libanesa, de la que él procede, con esa primera obra suya que ha estado estos años recuperando (Journée de noces chez les Cromagnons). Ahora por fin asistimos a la adaptación de Todos pájaros (fue suspendida en 2020), con la dirección de Mario Gas, mientras persiste el ruido de las bombas en Gaza. Llegados a este instante, creo que hay que ser más incisivo con la crítica hacia este dramaturgo; porque, ciertamente, este texto me parece un descalabro. Un dramón que incurre, como veremos, en una concatenación de discursos inverosímiles que nos pueden hacer sospechar de alguna pretensión «alucinatoria» sobre las religiones. Cada capítulo será un pájaro, como una metáfora del tiempo, la historia y las huellas que sobrevuelan por encima de estas gentes en su aciago devenir.

El planteamiento, desde luego, nos recuerda a la azarosa vivencia representada en su célebre Incendios. Esos paralelos que tanto motivan al creador con las tragedias griegas que él mismo ha adaptado en algunas ocasiones (véase Les larmes d’Oedipe o Inflammation du verbe vivre). Inicialmente observamos a Eitan y a Wahida en una biblioteca universitaria. Se conocerán mediante esas formas azarosas que se estilan en las películas románticas actuales. Él, que es encarnado con enorme energía y gran disposición por Aleix Peña Miralles, soportará el peso del protagonismo sin decaer en sus convicciones. Es un joven estudiante de Genética que se define como «objetista para quien todo es objeto y que no soporta la idea de dejarse llevar por ensoñaciones inútiles». Ella es acogida por Candela Serrat, quien se maneja con candor y seriedad. Pronto nos revelará que está haciendo su tesis sobre León el Africano (recordemos la novela del libanés Amin Maalouf). Se pretende hacer un paralelo con aquel diplomático y el mundo actual. En su indagación se preguntará: «¿Hasta qué punto debemos atarnos a nuestra identidad perdida?», comenta. Como ocurre en la literatura con los romances fronterizos, el amor ha surgido entre un judío (alemán) y una musulmana; aunque vivan fuera de la fe.

Gran parte de la obra transcurre en Israel, adonde han acudido para visitar a la abuela de Eitan, Leah, una señora hosca, que se muestra con gran distanciamiento, y que Vicky Peña interpreta con mucha pujanza. Lo terrible es que el muchacho termina siendo víctima de un atentado y se debate entre la vida y la muerte en un hospital. Después, entre los saltos temporales, que se van sucediendo, todavía encontramos una interesante velada, donde se establecen esos límites, esas inquinas que siguen reverberando por el planeta. Nos hallamos en una cena de Pascua, en el Séder, en Nueva York, para que nuestro protagonista presente a su novia. Es ahí cuando la madre, Norah, que nos deja a una Anabel Moreno remarcando el estereotipo de la alta sociedad judía, comienza a poner reticencias; mientras que el abuelo, entrañable y bonachón, con un Manuel de Blas contenido, primeramente, en ese tráfago de sentimientos, aboga por una concepción más abierta, más moderna. Es el padre, David, quien nos entrega a un Pere Ponce furioso, que emprenderá una subtrama que recargará la fábula en demasía. Repleto de odio hacia el enemigo palestino, embebido por la tradición, no puede soportar las pretensiones de su hijo. Alcanzado este momento, parece que Mouawad se deja contaminar por el telefilme turco, tan inverosímil en esos esquemas que beben de la novela griega o bizantina. Cómo se puede cohesionar con cordura la propia irracionalidad de fe con anagnórisis que se suceden a través de monólogos que, si bien logran un apreciable grado de lirismo, se regodean sin fin en autoexplicaciones de lo insondable. Y así le ocurre directamente a este David, quien descubre que es un niño adoptado. No diré más, ni especificaré cómo el dramaturgo expone el caso en una analepsis recargante. Lo que llega a afirmar este tipo ya valdría de sobra para configurar un drama solvente. Esto se aunará con una confesión de Wahida que nos lleva por esos derroteros de la fe inserta en los cromosomas de musulmanes y de judíos, ni bautismo requieren para pertenecer inextricablemente a una religión, a un pueblo, a una etnia. «Soy árabe y nadie me había enseñado a serlo…», afirma. El personaje hubiera requerido unas vivencias superiores ante nuestros ojos para que unas aseveraciones así no suenen algo cursis en alguien con madurez y formación. Solamente son unos ejemplos, porque, en realidad, hay mucho más. A mí, sinceramente, esta estructura y este argumento no me convencen. Creo que el autor ha caído en su propio borbotón, en la turbina de su escritura, y no ha sabido darle equilibrio intelectual.

Luego, visualmente la sencillez de la escenografía que ha diseñado Sebastià Brosa, con unos escalones y unas rampas, favorecen el movimiento. Quedan, de fondo, las llamativas imágenes de Álvaro Luna para crear una ambientación que se entrevera con la iluminación taciturna de Carla Belvis. Igualmente, la estupenda composición musical de Orestes Gas nos traslada a los sonidos tradicionales de esa zona del Mediterráneo como una confluencia de visiones. La factura general del espectáculo es, por lo tanto, notable. De todos modos, nos perdemos las distintas lenguas que deberían escucharse y una hondura superior en esas sentencias tan rotundas. Al final, tanta ansia de complejidad, quiebra la verosimilitud.

Todos pájaros

Texto: Wajdi Mouawad

Traducción: Coto Adánez

Dirección: Mario Gas

Reparto: Aleix Peña Miralles, Candela Serrat, Vicky Peña, Manuel de Blas, Pere Ponce, Anabel Moreno, Lucía Barrado, Juan Calot, Núria García y Pietro Olivera

Escenografía: Sebastià Brosa

Ayudante de escenografía: Igone Teso

Vestuario: Antonio Belart

Ayudante de vestuario: Eva Mendoza

Iluminación: Carla Belvis

Música original y audioescena: Orestes Gas

Videoescena: Álvaro Luna

Colaboradora videoescena: Elvira Ruiz

Ayudante de dirección: Montse Tixé

Producción ejecutiva: Pilar de Yzaguirre – Ysarca

Subdirectora de Ysarca: Pilar García de Yzaguirre

Dirección de producción: Elisa Ibarrola

Producción delegada: Elena Martínez, Álvaro de Blas

Asistencia producción: José Andrés López

Diseño de cartel: Corazón Brabo

Coordinación técnica: Unocontres Producciones, S.L.

Fotografía: Sergio Parra

Maquillaje: Chema Noci

Vídeo y gráfica: La Dalia Negra

Agradecimientos: Pablo Derqui, Alberto Iglesias y Iñigo Benítez

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 29 de diciembre de 2024

Calificación: ♦♦

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Journée de noces chez les Cromagnons

Wajdi Mouawad retoma esta primeriza obra con el trasfondo de la guerra libanesa para realizar una dramedia fantasiosa

Journée de noces chez les Cromagnons - Foto de Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Efectivamente, no es lo mismo contemplar esta obra temprana ─la escribió en 1991, cuando contaba con 23 años─, y atisbar una serie de características que nos pueden hacer pensar en un buen dramaturgo, que acercarnos a ella después de haber observado gran parte de su trayectoria. Wajdi Mouawad, el autor libanés, exiliado a Canadá, nos lleva visitando muchas temporadas. Además, su teatro se ha puesto sobre las tablas a partir de proyectos íntegramente españoles. Sigue leyendo

Violencia

Diego Garrido lleva a las tablas la película Mass, del director Fran Kranz, donde se dirime la culpabilidad de los padres de un joven asesino

Violencia - Foto de Marcus RicoCualquiera que haya visionado Mass, la cinta que Fran Kranz presentó en 2021, tiene mucho de teatral; pues no deja de ser un drama de situación, un encuentro amarguísimo entre las dos parejas, de padres y de madres, en una habitación. Parecía más que razonable adaptarlo a las tablas como ha realizado con elegancia y buen tino Diego Garrido, quien se pone por primera vez al cargo de la dirección. Él mismo también comanda y propicia esta reunión; aunque la mayor parte de los minutos se mantendrá fuera. Creo que merece la pena atender a toda una serie de diferencias culturales que tienen peor encaje con nuestra sociedad para el tema que nos compete. Trasladar la realidad estadounidense a España implica considerar que, por muy occidentales que nos consideremos, sus bases protestantes nos deben chirriar. Sigue leyendo

The Second Woman

María Hervás se encuentra con cien hombres durante veinticuatro horas en un espectáculo tan repetitivo como inane

The Second Woman - Foto de Alice Brazzit
Foto de Alice Brazzit

Esto es muy sencillo. Myrtle Gordon, el personaje que interpreta Gena Rowland, es una actriz problemática, confundida, con una gran crisis existencial y vital, y que, en cierta medida, intenta resolver con la bebida. Hablo de Opening Night, la película de John Cassavetes, donde su esposa debe actuar en una obra de teatro titulada The Second Woman. Como su estado no es el más favorable, la experiencia escénica estará sometida a diversas variaciones habilitando una metáfora metateatral sobre la propia vida de los intérpretes, sobre los hallazgos de la creación, sobre las posibilidades que se encuentra un director o una directora a la hora desarrollar un texto, una idea. La última escena del film es la clave. Sigue leyendo

Temis

La compañía Bonobo representa una comedia sobre las contradicciones de una familia progresista en los Teatros del Canal

Temis - Foto de Moisés Sepúlveda
Foto de Moisés Sepúlveda

Parece razonable que, en el teatro, tan repleto de biempensantes, se diriman las contradicciones de la progresía. La necesidad de evidenciar en la práctica lo que teóricamente tiene poco ajuste diario incomoda a todos aquellos que han abandonado la religión, y la limosna, y la confesión de sus pecados en petit comité con la penitencia de la oración. Ser de izquierdas e ir progresando económicamente tiene un encaje duro en la conciencia. Sigue leyendo