Lokis

Un artefacto hiperbólico sobre el asesinato de Marie Trintignant en un inmenso espectáculo de vídeo y de perfomance

Foto de D. Matvejev

Si fuera por la tardanza en comenzar la función y por esa deplorable, ridícula y estúpida captativo benevolentiae, donde los actores nos cuentan la ya consabida metateatralización sobre que ellos van a grabar un documental o una película o yo qué sé, y que se demora absurdamente en un anticlímax que es insostenible e inaguantable; deberíamos haber salido pitando (los más impacientes lo hicieron). Pero a partir de ahí, la propuesta de Łukasz Twarkowski es bestial, hiperbólica y digna de figurar en un Festival que nos debe traer a los dramaturgos que osan rebasar los límites de la creación teatral. Dicho esto, es justo reconocer que este montaje ha sido un fracaso, a tenor de la respuesta más expeditiva del público: el abandono de la sala. De alguna manera, es comprensible; pues la exigencia es mayúscula (más todavía en la segunda parte, después de que la mayoría de los espectadores se hubieran largado). La inspiración para realizar esta obra es la novela Lokis, de Prosper Mérimée, un relato de terror sobre un individuo mitad hombre, mitad oso que transcurre en los bosques lituanos. A ello se suma la estética fotográfica del suicida Vitas Luckus que, por lo visto, ha dejado su impronta en la sociedad de su país; aunque pienso que en el espectáculo su línea de acción se pierde confusamente. Sigue leyendo

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Escena – Fin de temporada 2016-17

Un repaso por lo mejor y lo más destacado del curso que termina dentro del panorama teatral

Ha llegado la hora de valorar lo más estimable del cada vez menos convulso mundo teatral. No llega la renovación de público (ni políticas públicas efectivas, ni acciones privadas lo suficientemente potentes) y el riesgo se resiente. Las influencias gubernamentales trastocan iniciativas como el Frinje, que solían mostrar proyectos persuasivos, para ser sustituidas por nada. Sigue leyendo

Hamlet

Una versión del clásico de Shakespeare que profundiza en la dimensión metateatral de la interpretación

Foto de Dmitrij Matvejev

La posición de la que parte Oskaras Koršunovas es la del propio actor, que bajo ese imposible de considerar su mente como una tabula rasa que debe ocuparse de experiencia, del encuentro y del descubrimiento de su cuerpo en el personaje. «¿Quién eres?», se gritan sin parar los ocho intérpretes frente a un espejo, como si estuvieran calentando la voz antes de entrar a escena; pero también reconociéndose, como el salvaje que se encuentra por primera vez con su propio rostro. El director lituano, que ya estuvo por Madrid en el 2015 con su versión de La gaviota (la recordamos con satisfacción, sobre todo por las dificultades técnicas) realiza un planteamiento fronterizo de Hamlet, cercano, por momentos, al working progress —el vestuario que ha preparado Agne Kuzmickaite combina la ropa de calle (negra) con vestidos acordes al devenir del asunto, como el traje blanco de Ofelia— al empaste metaliterario del príncipe que duda, interpretado por un actor que constantemente debe volver sobre sí para autoafianzar su avance, su plan actoral, sometido por el impulso del personaje que lo ha poseído. Sigue leyendo

La gaviota

Los lituanos del Teatro Municipal de Vilna presentan una versión de Chéjov trastocada por unos inesperados fallos técnicos

foto gaviotaCuando uno acude a ver una obra de Chéjov ya sabe a lo que se expone. Las sorpresas y los giros dramáticos permanecen ausentes, atisbándose de vez en cuando en leves gestos o en discusiones que apenas duran unos minutos. Pero, en esta ocasión, un hecho inédito en el Teatro Valle-Inclán logró llenar de inquietud al respetable. Un pitido constante y molesto apareció al comienzo de la obra y, ante la imposibilidad de anularlo, se decidió parar la obra durante unos minutos. Hasta ese momento parece que la compañía —prácticamente en escena durante toda la función— se resiste a comenzar, aunque sabemos que lo han hecho porque lo poco que dicen aparece traducido en los sobretítulos. El protagonista, Treplev, un joven aspirante a dramaturgo, se dispone a presentar a su familia su última obra, un texto lleno de lirismo interpretado por su amada Nina. Todo resulta un desastre, se llena de humo, no se comprende nada, a la vez, continuamos perplejos con el pitidito. Se mezcla la realidad con la ficción de la ficción, un Chéjov metateatral imprevisto. Ya alguien desde el público había gritado (las luces de la platea seguían hasta entonces encendidas): «¿Es esto la función?». Martynas Nedzinskas, que se mantiene meditabundo, ya sea por debut frente a sus allegados, ya sea por la impotencia de no saber qué hacer en tal situación, hace un gesto mirando al público de más o menos. También durante esos instantes previos a su obra antes de la «obra», habían intercalado explicaciones en inglés sobre la situación, pero ellos iban tirando con su Gaviota, una especie de vanguardismo. Nadie pudo asegurar, hasta que los propios técnicos los confirmaron, que todo aquello fuera premeditado. Sigue leyendo