El concierto de san Ovidio

Mario Gas dirige esta fábula dieciochesca de Buero Vallejo sobre el maltrato insolente a un grupo de ciegos

Foto de marcosGpunto

De vez en cuando es conveniente desempolvar a nuestros clásicos contemporáneos para descubrir si el tiempo los acartona o si permanecen fértiles para aleccionarnos sobre los vicios universales. Si Buero Vallejo quiso zarandear (desde su «posibilismo») al pueblo español en 1962 tomando la prudente distancia de quien nos remite a un acontecimiento ocurrido en París durante 1771; de qué forma debemos observar esta fábula para que nos competa de una manera similar. En este sentido, nuestro mundo actual ha cambiado tanto desde aquellas, que las mofas pueden ser tan brutales como desproporcionadas sus reprimendas. En el presente los extremos se tocan y por ello es necesario superar el plano simbólico de esta función para encontrar asideros fundamentales sobre la bondad, la solidaridad y la búsqueda del conocimiento como camino a la libertad, es decir, la ilustración. Sigue leyendo

Las brujas de Salem

Puesta en escena del célebre texto de Arthur Miller, quien se propuso crear una alegoría del macartismo

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Actualmente, cuando se habla de una «caza de brujas», se pretende dar a entender que algún poder imperante se dedica, de modo inquisitorial, a perseguir a cierto grupo de individuos por razones políticas, morales, religiosas, económicas, etc. Es decir, ya se ha extendido la cuestión estrictamente supersticiosa a cualquier ámbito cultural. De todos es conocido, principalmente porque competió a estrellas de Hollywood, el proceso por el cual el senador Joseph McCarthy emprendió una cruzada contra todo lo que oliera a comunismo y, por lo tanto, a antiamericanismo. El propio Arthur Miller se vio enredado en aquellos juicios y esto le sirvió como acicate para tomar los hechos acaecidos en Salem en 1692 como alegoría de lo que estaba ocurriendo en su país. Este asunto, evidentemente, no es baladí, puesto que nos podemos inclinar hacia motivos concretamente políticos (por mucho que se haya instigado a ciertas poblaciones a ver a los rojos como seres que llevan cuernos y cola), depurando el componente religioso. Sigue leyendo

Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo

Calígula

La obra de Albert Camus llega al Teatro Fernán-Gómez con Javier Collado como protagonista excepcional

calígulaEl emperador romano pretende lo imposible. Calígula, después de vagar durante tres días tras la muerte de su amante-hermana Drusila, se dispone a ejercer sin freno su propia voluntad en una especie de orgía libérrima. La obra de Albert Camus no redunda en las locuras que supuestamente ejecutó Calígula por pura recreación biográfica, sino como un estudio moral acerca del cuestionamiento de la existencia; de cómo a pesar de cargar con todo el poder de Roma, el mismo emperador es un ser limitado (de ahí que busque enmascararse en la diosa Venus). Es vesania o simple impotencia de alcanzar el límite humano y no poder superarlo. Calígula transgrede la moral (asesinatos arbitrarios, repentina subida de impuestos a la plebe, usurpación de propiedades y herencias, juegos macabros…) como única frontera que todo ser racional desde su privilegiado puesto se puede permitir desbaratar. No opta por la ética nietzscheana en la que permanezca desculpabilizada la voluntad y los instintos cobren la fuerza que nunca debieron perder. No. Calígula hace relucir el niño que siembre ha sido y que, dolorido ante la contemplación de la muerte de sus seres queridos, se revuelve contra el mundo queriendo construir unas nuevas reglas, unas nuevas fórmulas de conducta, azarosas, donde el caos genere espacios inviables por los que encontrar la solución de la existencia humana. El fracaso es inapelable. Sigue leyendo