Mary Said What She Said

Isabelle Huppert y Bob Wilson se unen para desentrañar la figura de María Estuardo en una pieza desasosegante

Foto de Lucie Jansch

Adentrarnos en una nebulosa donde se destila el sufrimiento que nos anticipa la decapitación. ¿Consigue Isabelle Huppert transmitirnos el posible sentir de la reina María Estuardo? Si no nos dejamos llevar por la fuerza del fetiche en esta reunión de artistas con ínfulas epatadoras; quizás debamos reconocer que el personaje que se recrea en escena resulta tan estrafalario como el espectro de una mujer que ha sucumbido a la locura o que ha perdido su esencia humana para transformarse en una autómata. Por lo tanto, la distancia que se provoca es máxima con todos los atributos estetizantes con los que procede Robert Wilson. Si estamos dispuestos a dejarnos apabullar por el virtuosismo tan teatral como gimnástico, entonces quedaremos subyugados por la trepidación del inicio. Y es que la música del célebre compositor italiano Ludovico Einaudi, con un ritmo de piano que nos traslada directamente a la tensión de cualquier momento álgido y que se desea mantener durante muchos minutos, viene acompasada con una declamación estratosférica de la actriz. La lectura de los subtítulos se hace inviable, la escucha deviene en una paranoia y el hieratismo de su gesto determina un procedimiento rayano en el surrealismo. El texto queda desbrozado y casi anulado, Huppert parece empeñada en superar el record Guiness de palabras por minuto como una opositora a notaría, como si cada vocablo quemase, como si las sentencias fueran el veneno que se debe esputar inmediatamente. Sigue leyendo