Bérénice

Isabelle Huppert se convierte en un mero títere en la performance de Romeo Castellucci sobre la reina de Judea

Foto de Alex Majoli

Bajar desde Bros, el anterior proyecto de Romeo Castellucci que recaló en España, a esto es un duro golpe como espectador. Nos situamos de nuevo ante un velo que provoca el sfumato, como ya hizo en Go Down, Moses, y a exprimir a Jean Racine, como pergeñó con gran atractivo Franz Castorf en Bajazet. Ahora regresa con Isabelle Huppert, gran estrella mundial, para subsumirse en el estatismo que de similar manera le impuso Bob Wilson en Mary Said What She Said. Poco importa que sea una reina. La cuestión está en reducirla a impresión pictórica o a sucesión de fotogramas. El esquema argumental será no ya el que propuso el dramaturgo francés, sino el que cada uno lleve aprendido de casa. Ahí está Berenice; pero podría estar una escultura parlante de cualquier diosa o de una burguesa consternada enfundada en el traje que ha diseñado Iris van Herpen, que destaca por sus pliegues como ondulaciones arenosas en el desierto. Sigue leyendo

Mary Said What She Said

Isabelle Huppert y Bob Wilson se unen para desentrañar la figura de María Estuardo en una pieza desasosegante

Foto de Lucie Jansch

Adentrarnos en una nebulosa donde se destila el sufrimiento que nos anticipa la decapitación. ¿Consigue Isabelle Huppert transmitirnos el posible sentir de la reina María Estuardo? Si no nos dejamos llevar por la fuerza del fetiche en esta reunión de artistas con ínfulas epatadoras; quizás debamos reconocer que el personaje que se recrea en escena resulta tan estrafalario como el espectro de una mujer que ha sucumbido a la locura o que ha perdido su esencia humana para transformarse en una autómata. Por lo tanto, la distancia que se provoca es máxima con todos los atributos estetizantes con los que procede Robert Wilson. Si estamos dispuestos a dejarnos apabullar por el virtuosismo tan teatral como gimnástico, entonces quedaremos subyugados por la trepidación del inicio. Y es que la música del célebre compositor italiano Ludovico Einaudi, con un ritmo de piano que nos traslada directamente a la tensión de cualquier momento álgido y que se desea mantener durante muchos minutos, viene acompasada con una declamación estratosférica de la actriz. La lectura de los subtítulos se hace inviable, la escucha deviene en una paranoia y el hieratismo de su gesto determina un procedimiento rayano en el surrealismo. El texto queda desbrozado y casi anulado, Huppert parece empeñada en superar el record Guiness de palabras por minuto como una opositora a notaría, como si cada vocablo quemase, como si las sentencias fueran el veneno que se debe esputar inmediatamente. Sigue leyendo