Camino largo de vuelta a casa

El estilo satírico de Íñigo Guardamino se ve atemperado en esta obra familiar con tres generaciones protagonistas

Camino largo de vuelta a casa - Foto de Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rabade

El recorrido dramatúrgico de Íñigo Guardamino es amplio. Su proceloso deambular por los recovecos off (El año que mi corazón se rompió) lo ha ido derivando con pausa hacia las instituciones públicas (Metálica, en el CDN). Su anterior obra, Amarte es un trabajo sucio, se centró en la vida precaria de unos jóvenes y ahora da un giro radical. Sin embargo, perviven sus señas de identidad, esa mezcla de sátira descarnada y drama costumbrista, que suele tener una carga política sobre hechos acuciantes muy pronunciada. Quizás lo más complejo a la hora de aproximarse a las piezas de este dramaturgo sea aceptar los altibajos que se suelen producir cuando algunas escenas bullen en lo humorístico y otras sondean territorios tenebrosos sin tanto apunte gracioso. Sigue leyendo

Amarte es un trabajo sucio

El dramaturgo Íñigo Guardamino, un veterano del circuito off, plantea en el Teatro Quique San Francisco una sátira acerca del engranaje malicioso en el que se ven envueltos los mensajeros de paquetería que recorren nuestras ciudades

Amarte es un trabajo sucio - Foto de Carmina Prieto
Foto de Carmina Prieto

Resulta conveniente observar el circuito off, donde, a veces, aparecen obras que merecen sobrevivir, entre tanta abundancia de intentonas primerizas o de asuntos manidos. Íñigo Guardamino siempre se ha mantenido en cierta marginalidad dentro de esa esfera escénica española y ha saltado poco a los teatros institucionales. Quizás, esto le ha permitido sostener su irreverencia; puesto que lo suyo es la sátira vitriólica, capaz de señalar los destrozos de nuestra vida contemporánea. Con humor negro y golpes de efecto que nos pueden dejar estupefactos, el dramaturgo ha ido aquilatando su estilo dentro del teatro social más inteligente (véase Monta al toro blanco).

Sí es cierto que este último montaje ha rebajado algo esa chocarrería tan rompedora; aunque el pulso es pertinaz. Esta vez la emprende contra las empresas de envío, esas que tienen a un montón de repartidores en bicicleta dejándose los glúteos y el aliento por aguantar a flote. Nuestro antihéroe es un Álex Villazán que vuelve a demostrar su energía y una habilidad enorme para hablar rápido, algo que viene estupendamente en esta función. Un joven graduado en Derecho que comprueba que su currículum apenas le deja oportunidades, si no trae aparejada una experiencia. Que decida aceptar la oferta de empleo de Hermess, le permitirá conocer un mundo de angustia infinita; pero que, paradójicamente, lo enganchará no como si fuera un rider, sino un gamer, un ludópata de su propia supervivencia dopaminada. Sigue leyendo