Los jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se enfrentan a esta comedia poco representada de Calderón de la Barca

Quizás la mejor forma de que se puedan bregar las generaciones jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico es embarcándolos en una comedia de capa y espada. Fundamentalmente, porque permite un movimiento escénico más ágil, menos sentencioso y deja que la energía flote con suficiente consistencia. Eso es lo que ha logrado Beatriz Argüello, quien ha compactado mucho al grupo desde el prólogo, cuando van con el capote encima configurando una melé de chismosos. Ahí ya conocemos a don César, que nos deja a un Sam Arribas con donosura y confianza en los extensos parlamentos del comienzo. Nos anuncia que cuenta con dos amantes y que viene huyendo, pues ha matado en un duelo al hermano de una de ellas, Lisarda. Sigue leyendo



Para empezar, digamos que Del color de la leche funciona mejor en su puesta en escena que como novela. Esta se ha convertido en casi un bestseller. No me extraña, ya que no solo es breve, sino que está escrita por Nell Leyshon con un artificio que favorece la lectura y que, incluso, podría recomendarse a los adolescentes. Porque entendamos que la verosimilitud es más que cuestionable. Una quinceañera que acaba de aprender a leer y a escribir no solo es capaz de narrar su historia de una manera legible y correcta (pocos errores sintácticos u ortográficos, amén de un vocabulario variado aceptable), sino que llega a usar metáforas (el mismo título referido a su pelo) y otras figuras retóricas que raramente se le pasarían por la cabeza. 
En la actualidad, aunque, evidentemente, viene de lejos, la lista de cortos cinematográficos de animación mudos y multipremiados que desarrollan cuitas morales y que adoptan una postura pedagógica es inmensa. Hay películas técnicamente maravillosas que logran contar historias de calado muy bien llevadas. Claro que hablamos de ese límite que impone la infancia, la adolescencia o el potencial grupo de espectadores sensibilizado con una alguna dolencia, trauma o padecimiento (algún ejemplo puede ser Ian, de Abel Goldfarb. Hay infinidad). 
