El Borbón rojo

La tercera parte de la tetralogía Todo por la Corona de Ignacio Amestoy dedicada a Juan de Borbón sube a las tablas del Círculo de Bellas Artes

Una vez que cayó el velo de la censura a conveniencia que los medios de comunicación habían asumido sobre los tejemanejes de los Borbones, hemos podido contemplar varias obras de teatro sobre nuestra insigne estirpe a través, generalmente, de la sátira. Como hizo Els Joglars con El Rey que fue o el Club Caníbal con Alfonso el Africano. Asimismo, con la parodia que montó Alberto San Juan en 2015 con El Rey. Por su parte, Ignacio Amestoy tiene escrita una tetralogía ─sería interesante observarla completa sobre las tablas─ compuesta por Violetas para un Borbón (sobre Alfonso XII), ¡Adiós, Borbón! (sobre Alfonso XIII), El Borbón rojo (sobre el Conde de Barcelona) y Un Borbón en el desierto (sobre Juan Carlos I). Y si bien ya se puede tratar sobre los soberanos ─y ya tenemos ejemplos─, tampoco es que algunos periodos auténticamente esenciales de nuestro pasado reciente se hayan abordado. Por eso mismo, esta propuesta es tan pertinente. Sigue leyendo

Malditos tacones

El texto de Ignacio Amestoy queda convertido en un ejercicio de sobreactuación bajo la batuta de Magüi Mira

Malditos tacones - FotoCuesta comprender por qué la experimentada directora Magüi Mira, quien ha demostrado grandes trabajos en esta tesitura profesional a lo largo del último decenio en distintos géneros (véanse, por ejemplo, Los mojigatos o Consentimiento o Festen), ha implementado este tono al texto de Ignacio Amestoy. Por momentos, me vi inmerso en un capítulo trascendental (uno de tantos) de Dallas o de Falcon Crest. Sí, el aire de engolamiento, de sentenciosidad, a veces, realmente decimonónico, con tanto «usted» por aquí y por allá, sin alcanzar la sátira o el sabor vitriólico se impone de forma artificiosa. Sigue leyendo

Dionisio Ridruejo. Una pasión española

Ernesto Arias brilla con su actuación en la obra Dionisio Ridruejo. Una pasión española

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Ante una enfermedad como el franquismo tan solo se pueden procurar tres soluciones: el desarrollo de antibióticos, el padecimiento de la locura o la adaptación al medio (ya sea desde la hipocresía o desde el sincero arrepentimiento). La obra de Ignacio Amestoy reproduce en una cancha de baloncesto el día que muere Dionisio Ridruejo (29 de junio de 1975), la lucha alegórica entre la juventud que quiere pasar página desde la apuesta por las libertades (el antibiótico) y un pobre ‘esquizofrénico’ atormentado por no haber dado un paso al frente ante tanta desdicha, un compañero de Ridruejo en la División Azul en aquellas estepas rusas. Estos militares, a su vez, recluidos en una residencia, serán arbitrados por un general que chilla con orgullo los estertores del Movimiento y que indefectiblemente engrosará las filas de todos aquellos que se adaptaron al medio. Ya sabemos que en 1978 desaparecieron los afectos al régimen, si acaso sobrevivieron algunos nostálgicos que supieron agitar sus banderas con pericia los 20 N. Sigue leyendo