Escena – Fin de temporada 2017-18

Un recuerdo de lo mejor que hemos podido admirar en los escenarios durante este curso

Nuevamente llega la hora de pegar un repaso a esta temporada que, como no podía ser de otra manera, ha dejado obras meritorias destinadas al recuerdo y otras, que nos servirán de contrapunto en su fallo. Me quedaré con las primeras y no haré más escarnio con las segundas; aunque ambas dialogan en el meollo de nuestra escena teatral contemporánea. Se sigue echando en falta menos complacencia con el poder y con los «nuevos» discursos políticamente correctos. El teatro actual, en general, o es pacato o es directamente de un populismo ―muy aplaudido, por cierto―, que daña a la inteligencia. Mostrar, por parte de aquellos que tienen pretensiones, aquello que tu público espera conceptualmente, es una traición a la controversia. De lo poquito que ha destacado en cuanto al cuestionamiento de carácter político ha sido Juegos para toda la familia de Sergio Martínez Vila que, a pesar de que no termina de redondearse, nos deja un poso de inquietud. Sigue leyendo

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Divinas palabras revolution

El Teatro Español acoge esta producción gallega donde el esperpento de Valle-Inclán se traslada a un reality show

Pues Manuel Cortés y Xron se han atrevido a cobijar nuestro clásico valleinclanesco en esa cueva fluorescente e hipervigilada del reality show por antonomasia. Y han establecido un planteamiento tan coherente y ceñido a esa imposibilidad vital, donde el tiempo pasa lento y la abulia carcome aún más los cerebritos de esos ególatras, que la función inevitablemente cae en un ritmo tedioso y, en muchos instantes, insípido. Y esa debe ser su gran objeción; aunque creo que es razonable afirmar que el resto de elementos del espectáculo compensa con creces esa cadencia. El proyecto lo tenía todo para caer en el desvarío; pero está sujeto a conciencia por la zafiedad de unos protagonistas que, celebrémoslo, no gritan constantemente de forma desaforada como hubiera sido esperable en la emulación de tan célebre espacio televisivo. Es una manifestación patente de que estos programas televisivos requieren manipulación constante y una edición cinematográfica para generar el atractivo que se pretende, la carnaza que se pueda devorar con ansia. Lo que dirige Xron se subsume a los parámetros del cinéma vérité y del objetivismo; en este sentido sigue la línea del gran montaje de Chévere la temporada anterior: Eroski Paraíso (no hay que perdérsela). Sigue leyendo