Escena – Fin de temporada 2019-20

Un repaso por lo más meritorio y sobresaliente de este reducido periodo teatral que nos ha tocado vivir

Foto de Vanessa Rabade

La temporada ha quedado demediada. Esto ya no tiene remedio. Días aciagos para el teatro que dejan su futuro en suspenso. Los sucedáneos virtuales demuestran que la anosmia no es solo un síntoma clarificador de esta pandemia que nos acogota; sino la evidencia de que el drama requiere de olores, de sudores, de tensiones carnales y, fundamentalmente, de ese compromiso indeleble entre los intérpretes y un público que se entrega al pacto mefistofélico. Por lo tanto, solo queda hacer ya el habitual repaso a lo más destacable de la escena teatral madrileña (española por extensión y por recepción. Internacional, a la postre). Sigue leyendo

Curva España

La compañía Chévere alcanza su cénit con esta propuesta de teatro documental que recoge la muerte «accidental» de un ingeniero

Foto de José Vicente

Llevamos varios años ya de teatro documental ―entreverado, en muchos casos, de autoficción― con resultados muy diversos. Si el estilo cada vez parece más agotado y carente de atractivo; también es porque los límites asfixian al propio arte teatral. Al romper las propias costuras de este subgénero, los de Chévere han completado su cumbre dramatúrgica. Curva España es una genialidad. Vayamos por partes. Si nos centramos en los procedimientos formales, los méritos de Xron en la dramaturgia y en la puesta en escena me parecen incuestionables. Afirmemos que se ha ajustado a un medio virtuoso. Chévere es una compañía muy cargada ideológicamente y, en otras ocasiones, sus ínfulas políticas les han llevado por la senda populista (véase Eurozone). Aquí observamos contención en pos de un fin superior a sus propios deseos personales. Esto, hoy en día, es de agradecer. Quitar lo panfletario y salpicar la obra de gestos irónicos donde ellos aprovechan para denunciar desafueros inaceptables del poder reinante en Galicia ―también contra ellos, eso es cierto―. Siguiendo la estela de su anterior propuesta, la magnífica Eroski Paraíso, recurren al armazón del documental: varias cámaras van grabando en directo cada una de las escenas para mezclarlas en vídeo con diferentes imágenes y secuencias. La trama se dispone como si fuera un thriller, una investigación reabierta sobre la muerte del ingeniero España. Para ello acuden a una buena cantidad de puntos de vista y de recursos dramatúrgicos que hacen de la función todo un atractivo. Sigue leyendo