La reina de Micenas se reconvierte en una mujer que reivindica sus actos a través de la mirada contemporánea y feminista de José María del Castillo
A José María del Castillo le ha apetecido coger lo que más le ha convenido o inventarse lo que ha creído pertinente para mostrarnos a una reina que se llama Clitemnestra; pero que nadie va a reconocer en nada. Es un engendro de tiempos, de caracteres, de morales que únicamente está ahí, delante de nosotros, para transmitir el discurso ya canónico en la sociedad de nuestras últimas décadas. El engrudo feminista que bate liberalismo (casi ultra), narcisismo y hembrismo con empoderamiento, astucia y una libidinosidad altamente hedonista podría estar destinado a completar una buena obra de ficción; pero es un panfleto. Esta señora es otro objeto de consumo más (pido perdón, por decir objeto). Sigue leyendo

Llego a la conclusión de que lo ofrecido en Mérida es imposible trasladarlo a un espacio como el Bellas Artes de Madrid, por mucho que se haya ampliado el escenario comiéndose algunas filas de butacas. A tan pocos metros de distancia se ven las costuras, la ilación requerida se trastabilla y el movimiento se topa con unos límites cercanos en demasía. Todos entendemos que la monumentalidad de la capital extremeña debe ser sustituida por otros efectos mucho más recoletos; pero parece claro que eso implicaría una producción radicalmente nueva que aquí no se ha llevado a cabo.
La cantidad de gags que engarza esta gente resulta altamente apabullante y cómo se manejan en distintas direcciones, con detalles que a veces pueden pasar desapercibidos, funcionan tanto para adultos como para esos niños a partir de los cinco o los seis años; aunque habría que señalar que estos, llegado el desenlace, pueden percibir algo de cansancio en el sentido de que el ritmo no se eleva hasta esas cotas tan habituales en los espectáculos circenses, donde lo explosivo, directo y chocante llevan al desmadre y hasta la locura. No, este N´imPORTE quoi está bastante medido en una cadencia que se esfuerza por arañar el absurdo con algo de parsimonia. 



