Escena – Fin de temporada 2023-24

Entre el general estado del teatro más seguidista y políticamente pacato, esta temporada nos hemos encontrado con una buena colección de propuestas destinadas a perdurar

Vudú (3318) Blixen - Luca del Pia
Foto de Luca del Pia

Una temporada más que se cumple por estos lares, decimoprimera ocasión en Kritilo, fuera ya de La Lectura de El Mundo, que hizo aguas tal y como la conocimos (época satisfactoria, por supuesto). Convendré, para resumir, que entre la abundancia de funciones, continúa la misma línea de pertinaz decadencia. Mucho entretenimiento, mucha distracción, muy poco atrevimiento a la hora de salirse de los cauces morales y políticos de lo establecido por el público «objetivo». Los espectadores aplauden a rabiar o desisten, y ya no acuden (aburrimiento o desprecio de las soflamas de turno). No parecen darse las medias tintas. Sigue leyendo

Hay alguien en el bosque

Las violaciones que sufrieron las mujeres bosnias durante la guerra se reflejan en este montaje de teatro documento en La Abadía

Hay alguien en el bosque - FotoParece claro —y probablemente ocurra lo mismo en Ucrania, cuando la invasión termine— que la última guerra en los Balcanes va quedando en el olvido europeo. Y eso que, gracias a una película con gran relevancia, titulada Quo Vadis, Aida? (2020), que transcurre durante 1995, se volvió a poner en tela de juicio el papel de la ONU en Sbrenica. La brutalidad que observamos en algunas escenas —principalmente en una donde son fusilados decenas de hombres— es asfixiante. Por eso resultó muy conveniente el documental que Teresa Turiera-Puigbò y Erol Ileri realizaron en 2020 en el 25º aniversario de la Firma de los Acuerdos de Paz de Dayton. Dar cuenta de los miles de violaciones que se produjeron es fundamental para que sigamos siendo conscientes de todas las acciones cruentas que se producen en un conflicto bélico. Sigue leyendo

Escena – Fin de temporada 2020-21

Resumen con lo más destacado del panorama teatral en estos tiempos repletos de dificultades debido a la pandemia

Atraco paliza y muerte en Agbanaspach - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Como ocurre cada fin de temporada teatral, llega el momento de repasar lo acontecido y hacer sobresalir aquello que más me ha maravillado. Pero antes es necesario reflexionar brevemente sobre cómo ciertas líneas de pensamiento y ciertos modos de expresión van contaminando la escena y las butacas. No es ya que la autoficción nos tenga atufados desde hace tiempo, sino que viene cargada con una moralina autopurificadora de pecadores sufrientes, que uno se percibe como espectador sometido moralmente. Demasiados creadores teatrales han tomado las tablas como púlpito y han cancelado el diálogo con el respetable. Este hecho se podría contrarrestar filosófica y estéticamente si la oferta de ideas (e ideologías) fuera tan variada como antagónica —como sucede, por ejemplo, en la «caja tonta»—. Sigue leyendo

La casa de los espíritus

Carme Portaceli y Anna Maria Ricart ponen en marcha esta excelente adaptación de la novela de Isabel Allende en el Teatro Español

La casa de los espíritus - Foto de Jesús UgaldeEl tándem Portaceli-Ricart continúa su andadura con una nueva adaptación de una novela firmada por una mujer y de claro impulso feminista. Tras Mrs. Dalloway y Jane Eyre, con La casa de los espíritus han ido más allá y han apostado por un texto, que verdaderamente es difícil llevarlo a las tablas debido a su extensión y por esa cantidad enorme de personajes y de historias que se entreveran en tiempos y en múltiples circunstancias. Y, principalmente, porque es una novela muy narrativa; ya que contiene muy pocos diálogos, con lo que el lenguaje dramático queda más alejado. Sigue leyendo

Jane Eyre

Ariadna Gil encarna con virtuosismo a la protagonista de la famosa novela de Charlotte Brontë en el Teatro Español

En el montaje que podemos disfrutar en el Teatro Español se pueden distinguir dos aspectos de máxima importancia para valorar en su justa medida la propuesta de Carme Portaceli y de Anna Maria Ricart. En la parte visual, la estética se aleja del naturalismo que nos debiera trasladar a los paisajes ingleses, a la pertinaz lluvia y a esas grandes mansiones de la burguesía que va tomando posiciones a lo largo del siglo XIX. Con la escenografía de Anna Alcubierre uno puede regocijarse con su serenidad, con el minimalismo y con esa austeridad que se pretende transmitir (todo un exceso que no corresponde con el victorianismo), cuando el vestuario de Antonio Belart marca con recalcitrante negro y oscuridad talar a todos esos individuos, en principio, anónimos. ¿Nos hemos trasladado a la Suecia de Bergman y de Ikea, o de signo pietista? Esta estética está al servicio del arte en el sentido de que nos invita paradójicamente a la claridad de los personajes, casi despojados de cualquier reducto de lujo que los signifique en su verdadera clase social. El igualamiento es preponderante. Así que es un gusto templado la contemplación del espectáculo, al que se le suma la música en directo, como si fuera una banda sonora a la antigua usanza, promovida por Clara Peya, con momentos de indiscutible delicadeza al piano y un sutil vigor con la compañía de Alba Haro al violonchelo. Sigue leyendo