Windsor

Un thriller que posee como trasfondo el misterioso incendio del rascacielos madrileño

Windsor - FotoEl esquema de los thrillers está muy trillado. Las series de televisión, las películas y muchas novelas parece que han agotado la fórmula y lo único que hacen es buscar espacios inexplorados que sustancialmente no cambian lo preestablecido. No queda más que intentar sumergirse en personalidades lo suficientemente atractivas y complejas o en ofrecer perspectivas que abran caminos de incertidumbre. ¿Cómo aceptar que gran parte del público está sobre aviso, que enseguida se atisbarán las rutas más habituales del género? Curiosamente, el año pasado por estas fechas presentaba el Centro Dramático Nacional una versión de Hard Candy y, al ver que Windsor comenzaba con una conversación de chat de esas donde el simple ligoteo va encaminado a algo más, saltaron todas las alamas. A partir de ahí esperé que algún macguffin me engañara y me hiciera creer que todo correría por otros derroteros. Pero, aceptemos que es otra vuelta más sobre esa lucha de encubrimientos, pues al menos deberíamos sentirnos cautivados por aquello que nos cuentan. Incluso que se nos pusiera en la tesitura de la duda y de la doblez de los propios personajes; pero la lógica del reporterismo se impone rápidamente. Sigue leyendo

La soga

El famoso film de Hitchcock se traslada a las tablas del Teatro Fígaro, de Madrid, en pos del crimen perfecto

La soga imagenLa película que todos recordamos de Alfred Hitchcock siempre redundó con su propuesta  entre magnificarla por las habilidades técnicas (el maestro hizo todo lo que pudo para que diera  la sensación de que estaba rodada en tiempo real, aunque materialmente fuera imposible en  aquella época) o, por el contrario, infravalorar el discurso macabro y eugenésico que se disponía  a esbozar. Está claro que la obra de teatro debe ser otra cosa. Aquí no existe esa doble  subjetividad del punto de vista (Hitchcock nos arrastraba constantemente con la sucesión de  planos-secuencia, mientras nosotros intentábamos poner nuestra inteligencia a la hora de  descubrir otros resortes en la imagen), aquí se pierde el movimiento de cámara y eso provoca  estatismo en una cena que está destinada al fracaso por incompatibilidad de caracteres; si,  además, le quitas el personaje de la señora Kentley (y algún actor más), entonces, debes acelerar  el ritmo para que no se amalgamen los silencios. Y esto ocurre en el trabajo que nos presenta  Nina Reglero. Se echa de menos algo más de movimiento entre los invitados a la cena, más chispa, cierta alegría a pesar de la tensión que se va respirando. Sigue leyendo

Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo