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Matías Umpierrez dispone un atlas sobre el odio en el Centro CondeDuque a través de una panoplia de artefactos

Foto de Dominik Valvo

No tengo tan claro que persistir en el collage, en el corta y pega, en el dispositivo, en la instalación, en el videoclip sea la manera más adecuados para percutir en conceptos fundamentales. El arte contemporáneo a través de museos, galerías, salas de teatro o espacios no convencionales ha propiciado el cachivache que hoy, cuando los minivídeos rielados nos someten en el circuito cerrado de nuestro solipsismo, se ha convertido en el insignificante espejo de nuestra inopia.

Ya nos demostró Matías Umpierrez en su anterior montaje, Eclipse, que tiene querencia omniabarcadora. Pero he de reconocer que he salido del CondeDuque con la sensación de que se me escurren en la memoria los relatos del artefacto. ¿Debo asumir que siempre eran ejemplos de lo mismo? Lo cierto es que no, que cada uno tenía su contexto y que es ahí donde no se incide. El odio tiene sus peculiaridades ─y muy hondas e inasibles─ dependiendo de sus circunstancias.

Se van convirtiendo en anónimos los casos particulares que se muestran hasta configurar un número abultado en el engrudo. Precisamente exprimir un suceso hasta la saciedad nos conmovería mucho más; no obstante, el artista ansía evidenciar el atlas para trazar un cosmos de la destrucción. La forma gana con creces al contenido, pues consigue, ante todo, aunarse con brillo en la estética debordiana de esta sociedad del espectáculo. La banalidad del mal ─la voz de Hannah Arendt aparecerá de improviso─ insertada en la afición por los true crime, solo deja espacio para el cinismo, la distancia y la ironía salvífica; para aunarnos en nuestra bondad de espectadores en el centro cultural higiénico de nuestra grandiosa ciudad. El artífice argentino se enviste de general bigotudo cual Videla y se mueve briosamente como esos soldados rusos que elaboran el paso de la oca hemos de tomarlo como un clown. Es un danzarín inmerso en una especie de bailecito de TikTok, después de que se hayan sobreimpresionado frases tenebrosas de los ultraderechistas (y otros aficionados) que dominan los diferentes estados-nación en la actualidad. Y es que todo el show está acompasado por la electrónica imperante y potente que ha introducido Daniel Jumillas.

Es apreciable que al menos un hilo conductor trabe al resto y vaya recogiendo sensaciones e hipocresías varias. Pues un actor «latino», con su inglés evidenciador, pretende interpretar a un asesino en serie que ha matado a 32 adolescentes. Un caso más entre otros tantos para engrosar la lista. La ambición del intérprete lo va metamorfoseando en un cowboy, que termina por aquilatar la imagen icónica de la performance cuando gira junto a los gatos aniquilados. Estos nos remiten a una matanza cometida en 1730 en París por parte de unos obreros con el hartazgo y el hambre supremos. Se sumarán al estrés postraumático de un soldado tras la última guerra de Irak, que debe comunicar los fallecimientos de algunos compañeros a sus familiares. Además, observaremos el odio que fluye en las redes sociales, a la vez que las fake news campan a sus anchas envueltas en montajes de realidad virtual.

El rizoma propende con procedimientos anticuados, ya vintage, mecánicos, con una ristra de radiocasetes que van acogiendo cintas mientras se les acopla un micrófono. Discursos que ejemplifican la conferencia y que luego nos destinan a la observancia de una colección de máscaras mortuorias para dar cuenta de otras tantas historias. El archivo es inmenso y recorre tiempos alejadísimos; pero también hallazgos presentes como aquel muchacho que se quitó la vida inducido por un chatbot. Acontecimiento tenebroso que se vertebra con gran sentido a través de fragmentos de Hipnocracia, del filósofo creado con una IA llamado Jianwei Xun. Quien acertadamente ha descrito nuestro estado de somnolencia constante. La precisión de Umpiérrez, incluso manejando artilugios de dudosa eficacia (como tantas veces hemos comprobado en nuestra existencia), resulta magnífica. Por eso apela a nuestra fascinación a partir de una escenografía que aprovecha la magnitud de su pantalla, así como el diseño de iluminación de Matías Sendón, quien refuerza con el rojo toda la negrura que impera. El ritmo, la energía y la fluidez favorecen una función desasosegante.

Estamos todo el día dándole al play, tanto físicamente en todos nuestros aparatos electrónicos, como en nosotros mismos en el permanente enmascaramiento social, donde nos devoramos unos a otros. De ahí que se haga referencia (creo) al Manifiesto antropófago, del escritor brasileño Oswald de Andrade, donde propone devorar culturalmente las influencias europeas. Comienza: «Solo la antropofagia nos une».

Después de cinco actos, el artista no puede evitar ofrecernos la ideación de una utopía que contrarreste el desastre en el que estamos inmersos. Algo así como una sociedad repleta de armonía, construida con cooperativas y, sobre todo, con una educación basada en la empatía. Quizás podría habernos ahorrado tamaña ingenuidad para que uno sacase sus propias conclusiones acerca de ese odio que destila en su propuesta.

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Un atlas sobre el odio

Performer, dramaturgia y dirección: Matías Umpierrez

Producción ejecutiva: Elena Martínez – ElenArtesescénicas

Diseño de iluminación: Matías Sendón

Diseño de sonido y audiovisual: Daniel Jumillas

Diseño de vestuario: It Spain

Coordinación técnica: Bela Nagy y Juan Miguel Alcarria

Ayudante de dirección: Lionel Braverman

Asistencia investigación: Carla R. Cabané

Asistencia artística: Josefina Gorostiza 

Fotos: Dominik Valvo

Maquillaje y peluquería: Jasoartist

Acompañamiento de realización atrezo: Barbara Walmart

Sastrería marionetas: Maribel Chamborro

Diseño 3D: Eber Riera

Impresión 3D: Skynet

Prensa: DYP Comunicación

Residencia artística y técnica: Contemporánea Conde Duque

PLAY, una producción de Estudio Matías Umpierrez, en coproducción con ArtHaus Centro de Creación Contemporánea, con el apoyo de con Contemporánea Conde Duque y co-presentado por UNAM.

Centro CondeDuque (Madrid)

Hasta el 31 de enero de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

 

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