El invencible verano de Liliana

La novela de no ficción de Cristina Rivera Garza sobre el asesinato de su hermana se traslada sintéticamente al espacio teatral

Antes de que uno se adentre en esta historia: terrible, dolorosa e, incuestionablemente, ejemplar de un tipo de violencia y, además, de un tipo de sociedad y de legislación; podemos comprender que los procedimientos estéticos que Cristina Rivera Garza pone en marcha en su novela logran que el relato del asesinato de su hermana posea una serie de atributos peculiares. Porque, desgraciadamente, esta es una noticia más, una muerte de una mujer más, un homicidio sin resolver más. Ante todo, nos conmueve inmiscuirnos en lo personal. Y eso es lo que ocurre de manera inquisitiva, lírica y entrañable. Ahora, ¿cómo trasladar esa novela de no ficción, esa novela memorial, a la escena? Pues con el inevitable reduccionismo; pero también con una inconsecuente intercalación de voces. No me convence la impostación de Cecilia Suárez cuando brevemente va ofreciendo tonos para hacer de amigos, de amantes, de familiares. Demasiados «personajes» con poco recorrido para que sean encarnados por la misma actriz. Sobre todo, es que no tiene la posibilidad de elaborar y de construir unos roles. Muy distinta es el acogimiento que realiza sobre la autora. Realmente es sentido y contiene ese cariz entreverado de rabia y sensatez, de angustia y de pundonor. La intérprete se desplaza por un espacio muy amplio, alrededor de unas cajas que la escenógrafa Ingrid SAC ha situado en el centro con sencillez y con simbolismo. Representan el archivo particular de Liliana Rivera Garza: cartas (muchas), fotos, documentos, poemas, apuntes,… Ahí anida un secreto insondable. La biografía íntima de la interfecta, la razón de por qué mantuvo una relación amorosa tan infectada, tan peligrosa, tan tóxica, tan dependiente. Por qué una chica alegre, «amiguera», tan libre, curiosa en el desarrollo de su sexualidad y tan leal pudo de modo intermitente mantener ese amorío con un chaval hosco, violento y tremendamente celoso como era el tal Ángel González Ramos. Este, el 16 de junio de 1990 a la 5 de la mañana, se coló en su piso y aplastó un cojín sobre el rostro de la que había sido su novia y la asfixió. Liliana tenía 20 años y era estudiante de arquitectura. Todo esto pasó en Ciudad de México, en la delegación de Azcapotzalco. Mucho tiempo después, su hermana mayor fue capaz de retomar el caso, de indagar en lo ocurrido, de rebuscar en su expediente y verse embrollada en la burocracia tremebunda de aquel país. Cuando sucedió el homicidio de la joven todavía no estaba conceptualizado el término feminicidio.

La novelista consigue trufar las páginas como si estuviera construyendo un collage, como si el desparrame de esa colección pudiera trazar un itinerario inequívoco hacia ese asesino. Este consiguió escapar y, por lo visto, según las últimas informaciones, murió ahogado en el mar. Es cierto que en escena se sobreimpresionan en el suelo algunas ideas y sentencias de la muchacha. Esos pensamientos que iba lanzando a sus conocidos en las decenas de misivas que se iban enviando. Sin embargo, se desvanecen enseguida y cuesta asimilarlos. Igual acontece cuando hace de Emilio, el primo que trabajaba en una cafetería en la misma delegación y con quien hacía maratones de cine; o de Ana, su amiga predilecta; o de esos otros amigos-amantes con quienes realizaba proyectos de la universidad; o de su padre, quien exigió al noviete ese que iba a buscar a su hija a casa que vistiera de manera decente; o de su madre Ilda relatando el parto. Lo que verdaderamente funciona es el monólogo directo y pujante de esa mujer que ya cuenta con más de sesenta años y que ha logrado llamarnos la atención con su obra, galardonada con el Premio Pulitzer de Memorias 2024. Que aprovecha para narrar su país, donde ocurren diez feminicidios al día. Son cifras que carecen de nombre y apellidos en la mayoría de los casos, puesto que únicamente engrosan una infame lista que se ha convertido en una costumbre anquilosada. También le vale a la escritora su texto para tratar el tema del aborto, pues su propia hermana tuvo que pasar por uno. Hasta hace poco no era legal y aún hoy existen diferentes normativas y cláusulas entre los diferentes estados.

Creo que uno de los aspectos más interesantes tanto del libro como del espectáculo teatral es el lirismo que se encuentra en muchas de las frases que leemos y escuchamos. Es una clave necesaria para contactar con unas vivencias que se han perdido en el tiempo; pero que se pueden recuperar gracias a las metáforas, a las tachaduras, a la letra dubitativa en algún momento, a la huella grafológica,… El propio título hace referencia a una cita de Camus: «En lo más profundo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano».

Para aquellos que hemos leído el libro el montaje teatral es una reverberación, un recuerdo sintético de lo acontecido en esa amalgama de poesía, de retazo, de ensayo feminista, de amargura y de reclamo por una justicia que no termina de llegar. Por momentos hay fuerza en la declamación. En otros instantes, nos perdemos en los vericuetos minúsculos del mapa vital. Es complicado profundizar más cuando el archivo mostrado es tan amplio.

El invencible verano de Liliana

Texto: Amaranta Osorio a partir de la novela de Cristina Rivera Garza El invencible verano de Liliana

Dirección: Juan Carlos Fisher

Intérprete: Cecilia Suárez

Asistente de dirección: Rómulo Assereto

Escenografía e iluminación: Ingrid SAC

Diseño audiovisual: Emilio Valenzuela

Diseño de vestuario: Juan de Dios

Composición original y diseño de espacio sonoro: Alex Aller

Diseño de cartel: Ernesto Moncada

Fotografía: Valero Rioja

Realización de escenografía: Mambo Decorados

Comunicación: María Díaz

Distribución: Fran Ávila

Coordinación de producción: Giuliana Gabetta

Producción ejecutiva: Rosa Fernández Cruz (COART+E)

Productores: Óscar Carnicero (La Teatrería) y Claudio Sodi (Magnífico Entertainment)

En colaboración con Contemporánea Condeduque

Festival de Otoño 2025

Centro CondeDuque (Madrid)

Hasta el 30 de noviembre de 2025

Calificación: ♦♦♦

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