El diablo Cojuelo

Rhum & Cia llevan al Teatro de la Comedia la adaptación apayasada que ha preparado Juan Mayorga de la novela barroca de Luis Vélez de Guevara

El diablo Cojuelo - Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Que sí, que El diablo Cojuelo te puede aguantar una adaptación a lo payaso, a lo roquero, a lo más moderno que te quieras poner y a lo que se nos vengan en gana; aunque no puedes permitir que el texto queda en ni fu ni fa. Y si el adaptador es Juan Mayorga, pues menos todavía. Pero es que los Rhum & Cia, que se manejan estupendamente en las distancias cortas, están muy acostumbrados a ganarse al público, a salirse por la tangente; en fin, a hacer el payaso, que es un arte complejo que tiene sus gags típicos y tópicos; y que hay que saberlos desarrollar con soltura y con ese aire de improvisación tan conectado con la Comedia del arte.

Si nos fijamos en el prólogo, uno puede entender que la obra de Vélez de Guevara es una excusa para jugar con el que sí que no y tener al respetable entretenido. Las bromas que se marcan en esos primeros instantes se repetirán sin remisión. Esencialmente, que sus nietas se tienen que sentirse orgullosas de ellos, cuando las tengan; porque han medrado y han llegado al «Clásico». Luego, que si Lluis Homar les ha dado una oportunidad (creo que gran parte de los espectadores, sobre todo los adolescentes que serán arrastrados por sus profes, no lo pillarán), que si Juan Mayorga esto y aquello. Y, claro, tienen gracia, sorprenden, sus caricaturas remarcan sus propias personalidades; puesto que aquí cada uno tiene su papel bien definido más allá del carácter que interprete. Y este es un punto importante. Aquí, en las capas de metateatralidad a las que estamos habituados, se incluye que los Rhum vienen disfrazados ya antes de ponerse con el Cojuelo.

Si la ironía es que «temen» a la novela que van a interpretar; ya que es extraña, deslavazada, dispersa y repleta de conceptismos propios del lenguaje barroco, lo cierto es que terminan renqueando demasiado. Es decir, si el público menos avezado se pierde —y mira que se insiste en que «se están perdiendo»— también es porque las interrupciones no permiten establecer ni el más mínimo hilo argumental. Así que, podemos afirmar tajantemente que su extensa captatio benevolentiae resulta muy atrayente, vivaz y espontánea; puesto que recurren al metateatro, pero llevándoselo a su terreno con falsa modestia, cuando irrumpe con la muleta Jordi Martínez, Martines, el clown de nariz roja dispuesto a pedir cuentas a sus compañeros y a «llorarles» (y a «llorarnos») por no contar con él. El tipo sabe llevar su descaro como nadie, un fanfarrón que reclama para sí ser el Cojuelo. Por eso, Roger Julià, Giuliani, cede su gorro cornudo a regañadientes y se queda sin protagonista; cuando este nos estaba deleitando con las caricaturas y las mofas del dramaturgo y el director del Teatro de la Comedia. Igualmente nos conquista Piero Steiner con su vocalización descabalada. Por lo tanto, con esta irrupción, podemos ir comenzando. Joan Arqué, el Senyor Arquetti, quien comanda el asunto, el que lleva la voz cantante, el jefe, se maneja con chulería y marca su apostura para que ese primer cuarto de función sea magnífico. Él será el estudiante Cleofás que, en su huida por Madrid, acusado injustamente de estupro, caerá en una buhardilla donde aguarda el diablo Cojuelo metido en una redoma. Es cuando mejor funciona la iluminación de Sylvia Kuchinow, pues la verdosidad que cae sobre nuestro Martines, lo embute como si fuera un holograma. Luego, sí, el famoso tranco de los tejados que se levantan para dejarnos observar las hipocresías varias y las distintas intimidades, nos deja una muestra clara de la intención crítica y moralizante de esta pequeña novela. Pero desde ahí en adelante el espectáculo va cuesta abajo. Por mucho que correteen, con todas esas vestimentas hechas de retales tan idóneas que ha diseñado Nidia Tusal, por esa estructura circense que ha ideado La Closca y que simboliza un mundo de especímenes entre el cielo y el infierno, no se recobra algo el sentido. Mucho menos, con las actuaciones musicales, pues solo buscan darle un ánimo que no posee esta historia y que implican alejarse en exceso, como ocurre con la pieza de Mauro Paganini, que, con su rap, con su beat box, queda el asunto un tanto desangelado por cierta inoperancia del resto. Es decir, en conjunto, no veo que empaste de una forma coherente la charanga con el relato; aunque pudieran tener que ver con lo carnavalesco. Sí que Xavi Lozano le intenta dar un toque humorístico con su especialidad estrambótica de «hacer sonar» objetos cotidianos como si fueran flautas traveseras, ya sea un extintor o una escalera.

De alguna manera, cuando alcanzan el tranco VIII y consiguen ver la calle Mayor madrileña desde un espejo mágico en Sevilla, parece que volvemos a la empatía con el público, a la confraternización payasesca. Es el último instante de coherencia de una propuesta demasiado difusa en toda su segunda parte. Así que cuesta comprender el concepto pleno de lo que se ha buscado con esta idea. Es cierto que El diablo Cojuelo se ha llevado muy pocas veces a las tablas —la adaptación de Aitana Galán ha rodado por España desde el 2019—; pero no parece que esta sea la forma más adecuada. Desde luego, el sabor de boca que nos llevamos es muy distinto a ese Reinar después de morir, del propio Vélez de Guerra, que se representó en este mismo espacio en 2020. Rhum & Cia son gente muy válida, y no digamos Juan Mayorga; no obstante, la suma de talentos no ha fraguado, desde mi punto de vista, en un show más redondo.

El diablo Cojuelo

A partir de la novela de Vélez de Guevara

Rhum & Cia

Dirigido por Ester Nadal

Con dramaturgia de Juan Mayorga

Reparto: Joan Arqué, Roger Julià, Xavi Lozano, Jordi Martínez, Mauro Paganini y Piero Steiner

Escenografía: La Closca

Iluminación: Sylvia Kuchinow

Vestuario: Nidia Tusal

Dirección y composición musical: Rhum & Cia

Sonido: Marc Santa

Director de producción: Carles Manrique

Dirección técnica: Xavier Xipell «Xipi» y Àngel Puertas

Fotografía: David Ruano

Ayudante de dirección: Carla Tovias

Ayudante de escenografía: Sergi Corbera

Ayudante de vestuario: Maria Solsona

Producción / Regidor: Lluc Armengol

Técnico de iluminación: Alfons Mas

Alumna en prácticas: Julia Rincón Valadez

Coproducción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y Velvet Events

Espectáculo patrocinado por Loterías y Apuestas del Estado

Colaboradores: Ajuntament de Tiana y Teatre Sagarra – Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 5 de junio de 2022

Calificación: ♦♦

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