Escena – Fin de temporada 2015-16

Un repaso por lo más destacado del mundo teatral en este último curso

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

Toca hacer recuento después de que haya terminado la temporada para muchos teatros, aunque una cantidad importante de salas continúe en la brega. Y como ha ocurrido en los últimos años, el arte dramático nos ofrece un reflejo y una perspectiva con los que poder analizar a nuestra sociedad. Por un lado, la crisis mantiene la destrucción en el sector con el cierre de espacios tan emblemáticos como Guindalera o proyectos como la Kubik. Por otro lado, se debe hacer una profunda reflexión sobre el momento creativo que vive el teatro en España que, en cierta medida, tiene mucho que ver con su público, tanto con el que asiste asiduamente como con aquel que o ha ido abandonando (por cansancio) o que nunca llegará a formar parte del respetable por falta de persuasión. Ni que decir tiene que este tema es verdaderamente esencial y antes morirá el teatro por falta de espectadores que por carencias económicas. Sigue leyendo

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Vania

Regresa el clásico de Chéjov levemente renovado en una función que se ubica en África

VANIA MOMA TEATRE (7)Carles Alfaro vuelve con El tío Vania, como ya hizo en el 2008, aunque esta vez en una versión mucho más esencial escenográficamente, pero de igual forma espléndida. El gusto con el que trabaja el director valenciano está de sobra probado y su predilección por Chéjov, también. Hace un par de años nos maravilló con Éramos tres hermanas y la temporada anterior nos descubrió piezas del ruso no tan conocidas en Atchúusss!!!. Vania te da la oportunidad de adentrarte en un microcosmos de relaciones infaustas, donde la decepción por las vidas que no han sido y la melancolía por un futuro abúlico y destinado a la repetición se presentan entreveradas. Encontramos varios protagonistas, el tío se puede llevar gran parte de nuestra atención, pero el doctor Astrov puede que sea más atractivo dramáticamente hablando; posee cierto carisma, una sutil elegancia en las formas y la romántica mirada del idealista perdedor que tanto fascina a Sonia (la sobrina de Vania) y que cautivan exitosamente a Elena, la segunda mujer del profesor Serebriakov. Este mismo profesor, aunque no posea escenas relevantes, también abre una especie de hilo conductor con el exterior de aquella África a la que nos ha trasladado en esta ocasión Carles Alfaro. ¿Y los temas? Ciertamente inagotables. El primero de ellos, la taciturnidad de esas gentes que se han encontrado en aquella hacienda para revelarse, en su pesadumbre animosa, que no han llegado a nada. Pero también está el amor imposible de las tres mujeres y del propio Vania que entre su incapacidad para el flirteo conveniente y la avidez del doctor, ha vuelto a sufrir en sus carnes el desengaño. Y no podemos olvidarnos del cuestionamiento existencial que tanto circunda en sus conversaciones. Da la impresión de que la historia les ha llevado hasta el final y que lo observan con verdadera insignificancia. Tanto para esto. Y, encima, con el humor amargo que se destila al tercer o cuarto trago. Sigue leyendo