Imprenteros

Lorena Vega autoficciona en el Centro Condeduque la vida de su padre, un impresor, en un espectáculo nimio

Imprenteros - Foto¿A quién le puede interesar la historia de una imprenta de Buenos Aires? A muchos, si eso implicara, simbólicamente, hablar, por ejemplo, de las fases de la revolución industrial, de los mecanismos de automatización, etc. O, quizás, supusiera universalizar las rupturas que acontecen en las sagas vinculadas a un negocio familiar y cómo las generaciones deben hacerse cargo de situaciones muy diversas. Bien, pues nada de esto —al menos de una forma plenamente desarrollada— transcurre en esta obra. Sobre las tablas no ocurre nada que me parezca interesante, nada que justifique una obra de teatro, y menos, con ese despliegue de personal. La anécdota —por llamarla de alguna manera— le compete a su autora; pero no entiendo cómo nos puede afectar o conmover a los demás si no nos permite ir un poco más allá del recuerdo de unas vivencias un tanto anodinas y corrientes. A lo mejor ya está bien de forzar la mirada de esos espectadores tan afanados, tan festivaleros, que se pirran por lo que viene de fuera o por aquello a lo que se le otorga un aura que no merece. Porque hablamos de un estilo teatral que se desgasta por momentos. Sigue leyendo

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Tirano Banderas

La versión teatral de Tirano Banderas de Valle-Inclán llega al Teatro Español (Madrid)

tirano_banderas_escena_04El proyecto Dos Orillas, que viene con el cometido de producir obras teatrales bajo el auspicio de varias ciudades latinoamericanas y Madrid, presenta su primer texto: Tirano Banderas. La novela que publicó Valle-Inclán en 1926 después de su larga estancia en Méjico, pretendía configurar un retablo esperpéntico de la historia dictatorial del país centroamericano. Santos Banderas es un prototipo que bebe de Porfirio Díaz, pero también de Primo de Rivera. La república imaginaria donde ejerce su poder es Santa Fe de Tierra Firme, un lugar en el que se está preparando una revolución para derrocar al autócrata. En principio, puede parecer una novela más de dictador, pero su tratamiento del lenguaje, tan empapado de mejicanismos, con una sintaxis escueta, fulgurante y atizadora, sirve para que la versión teatral que Oriol Broggi nos presenta en el Teatro Español posea un verdadero sustento. Si no fuera por el lenguaje, por esa caricatura, por esa constante animalización de cada uno de los personajes, por esa intensidad literaria y persuasiva, pareciera que la obra de teatro aún no está del todo perfilada. Falta, por un lado, mayor compactación entre las escenas y sus intérpretes, da la impresión de que por momentos no acaban de reconocerse; además, por otro lado, varios actores no tienen tomado plenamente el papel, no terminan de fluir las sentencias valleinclanescas. Es cierto que tienen que interpretar diversos personajes cada uno de ellos e incluso de diferentes sexos y, también, que algunos parlamentos son farragosos y hasta pareciera que están en verso. Supongo que con el tiempo las desafinaciones se paliarán. Sigue leyendo