Tres días sin Charlie

Una crónica sobre los atentados en París contra la revista satírica Charlie Hebdo

Tres días sin Charlie - FotoLa obra que han estrenado los hermanos Bazo en la sala principal del Matadero es una representación de un simulacro. Nuestro mundo, ya lo señaló hace décadas Baudrillard, es un simulacro de la realidad, lo que no le quita verdad. A lo que Guy Debord añade en su libro La sociedad del espectáculo: «El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes». Vivimos en tal grado de confusión conceptual que, cuando los dibujantes de la revista satírica Charlie Hebdo sufrieron el ataque terrorista, la sociedad europea manifestó su incongruencia lanzando a internet todas las dudas posibles: «¿de parte de quién debo estar?», «¿quién es el culpable?», «¿qué es satírica?», «¿es la libertad de expresión sagrada?», «¿qué es la libertad de expresión?», «¿puedo hacer chistes sobre los dioses?», «¿todo es respetable?», «¿estamos en guerra?»…

Ante la insoportable sensación de la duda, qué mejor que un concepto vacío, un hashtag, un símbolo que represente todo y nada simultáneamente para apaciguar los ánimos y dejar de reflexionar: #JesuisCharlie. Charlie = *. Musulmán, policía, judío, etcétera. Con las mismas #jenesuispascharlie. Mañana será otro día. Y vaya que si lo fue (aunque esto excede los límites de la obra, pero conviene recordarlo). Sigue leyendo