ZUM. Crecerá un jardín

Los Bárbaros y los Nuevos Dramáticos han creado un montaje desbaratado sobre un futuro ecosocial en el Teatro Valle-Inclán

Foto de Geraldine Leloutre

De acuerdo, no es fácil. De hecho, es de lo más complicado que se puede formalizar dentro de un escenario. Adiestrar animales es más sencillo que poner a unos niños y a unas niñas de entre 8 y 11 años a funcionar dramáticamente. Pero, como hemos podido comprobar en este proyecto de los Nuevos Dramáticos del CDN ─me perdí Luna en Marte─, unas veces se atina y otras no se encuentra el tono. Así ocurrió negativamente con Play! y así pasó positivamente con Los columpios y con Ensimismada. Peor ha ido este ZUM. Crecerá un jardín. Esta vez los responsables han sido Los Bárbaros, de quien solo tengo el disgusto de haber contemplado Obra infinita. Sigue leyendo

Mi película italiana

La dramaturga Rocío Bello firma esta historia familiar que deambula entre el sarcasmo y el tenebrismo

Foto de Sergio Parra

De por qué se llama Mi película italiana nos enteramos bien pronto; a través de ese preludio tan prometedor con Camila Viyuela, que hace de nieta, en la dulce expresión de su relato descriptivo (que después se abandone este procedimiento es de agradecer), primeramente, idealizado; luego veraz. Rocío Bello, la dramaturga gallega, se ha montado en su cabeza una de Visconti o de Rossellini o de De Sica o de Pasolini (aunque también hubiera podido ser Berlanga o de Ferreri con Azcona mediante). Crear una atmósfera macilenta y satírica, lucense y onírica, costumbrista y esperpéntica era un reto que se logra a medias. Porque en la disposición de la trama en los primeros compases, uno atisba un tono y un ritmo; a continuación, este se diluye por vericuetos más prosaicos. El centro de atención sobre el que gira el montaje es Anna (por la Magnani), una Teresa Lozano tan aviesa como repelente; tan puntillosa en el control de sus hijas que resulta mutiladora de cualquier emancipación madura. Ni por asomo me la figuré como una mamma italiana; sino como a una señora gallega (aquí no hay acentos porque estamos en clave fabulística) que más me la creo como una Carmen Sotillo algo harta de cuidar a su marido y con ganas de tener libertad ―si es que esta no es un abismo una vez llegue el momento―. Sigue leyendo