La película de Berlanga se traslada al Teatro Español atravesada por la astracanada con una dirección de Juan Echanove magnífica

Juan Echanove se ha enfrascado en diversos proyectos teatrales en los últimos tiempos, y algunos de ellos poseían una carga política evidente. Desde una parte más seria y trágica podemos recordar La fiesta del chivo, pero desde un lado más cómico también tenemos Ser o no ser. Ahora contaba con la oportunidad de que las tropelías de los mandamases de antaño reverberasen con la insoportable actualidad de nuestros dueños y señores. No obstante, ha optado por conceder a Bernardo Sánchez Salas la autoría de la adaptación. Este es un conocedor y estudioso de Rafael Azcona y yo pienso que, en gran medida, lo ha traicionado. Aquí se ha impuesto la lupa de la astracanada y varios de los personajes que en la película ofrecían un hálito de sensatez aquí se lanzan por el desvarío. Sigue leyendo
Nada mejor que volver a devorar los entresijos del cine hollywoodiense para comprobar hasta qué punto se llevan perfilando esos productos no solo en busca de abundantes clientes, sino de votantes, de acólitos o de patriotas. Hoy, que vivimos en el paroxismo del algoritmo atomizador, aquello de cómo se pergeñó una de las películas más exitosas de la historia, nos parece pura artesanía; pero, desde luego, merece la pena auscultar las bambalinas, el atrezo y hasta los cambios azarosos.