Mi padre no era un famoso escritor ruso

Documental escénico de Bárbara Bañuelos sobre la salud mental en otra propuesta más de autoficción

Mi padre no era un famoso escritor - Foto de Andrés Pino Bueno
Foto de Andrés Pino

En su suma (o resta) y sigue que ha emprendido La Abadía esta temporada con espectáculos redundantemente autoficcionales y tramposos, llega ahora Mi padre no era famoso escritor ruso, después de que hayamos aguantado Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero y Sucia. En esta ocasión, es Bárbara Bañuelos quien presenta su documental escénico para indagar en una historia familiar y, a continuación, vincularla con el tema de las enfermedades mentales. Uno, enseguida, duda si estamos asistiendo a una conferencia con aires teatrales o a una incursión baldía, esteticista y naíf; porque su conductora se muestra dubitativa, hasta el punto de tener que parar y disculparse cuando su propia narración se convierte en un trabalenguas que se le resiste (y no me refiero solamente al vocabulario posmoderno con el «cuerpo» tal y el «cuerpo» cual). Bañuelos no se planta como una actriz, sino como una periodista que debe dar la cara ante un público al que anhela relatar su investigación. La racanería de medios, con unas decenas de sillas, unas partidas de nacimiento, algunos pomos de puertas y la consabida pantalla gigante sobre la que se muestran títulos de capítulos, y definiciones de diccionario que apenas se desarrollan en el drama, es ya un tópico de esta deriva conceptualista. También, por supuesto, referencias a Foucault. Sigue leyendo