Jubileo

El Teatro Fígaro vuelve a abrir sus puertas después de su reciente reforma para acoger la obra del juez Pedro González-Trevijano. Un diálogo respetuoso entre Adonay y Belial en pleno camino a Santiago de Compostela

Jubileo - FotoSerá inevitable intuir una moral particular en el trasfondo de este montaje, si viene firmado por un jurista, nuestro actual presidente del Tribunal Constitucional, Pedro González-Trevijano. Plantea, en esta su primera obra teatral, un diálogo entre Adonay (Dios) y Belial (el Diablo), quienes se hacen compañía en el Camino de Santiago, durante el jubileo de 2020, o sea, en plena pandemia. Asunto tan imaginativo nos llevaría a inducir una disputa mucho más maniquea que la que se presenta. Aunque, según vamos avanzando en su devenir por la ciudad gallega, comprendemos —y este sería, a la postre, el auténtico fundamento y significado de esta propuesta— que ambos polos se necesitan. Sigue leyendo

Las hermanas de Manolete

Gabriel Olivares dirige el texto de Alicia Montesquiu sobre las mujeres que rodearon al torero cordobés

Las hermanas de Manolete - FotoEn la intrahistoria de nuestro país todavía puede ver más intrahistoria, y si le ponemos imaginación, todo pudo ser de otra forma e, incluso esta, pudiera hallarse más cerca de la realidad. Alicia Montesquiu, quien viene de actuar en La lluvia amarilla, ha retirado del foco a la gran figura del toreo para desvelar los trazos oscuros y para especular estéticamente sobre todo lo que ocurrió a su alrededor. El contenido de esta función es un tanto reducido; aunque se manifiesten distintas vilezas de calado. Por ello, el armazón que ha creado la dramaturga ha sido sobredimensionado por Gabriel Olivares. El director lleva años desarrollando una faceta más artística en paralelo a su visión más comercial. Con el TeatroLab se ha dispuesto a la investigación teatral a través del Método Suzuki y la técnica de viewpoints. Sigue leyendo

Puños de harina

Jesús Torres establece un combate de boxeo en escena a través de Rukeli, el boxeador aniquilado por los nazis; y Saúl, un muchacho gitano de los años 90

¿Nos metemos en harina o seguimos con el tabú? ¿Podemos reelaborar la pregunta que se nos lanza, que se les lanza a los escolares que acuden a ver esta función, o voy a ser políticamente incorrecto? Pregunta Jesús Torres, a través de su personaje Saúl, a finales de los 80, ya adentrándonos en los 90 (punto a tener en cuenta, no vayamos más atrás): «¿Qué significa ser un “hombre de verdad”?». Si se preguntara: ¿Qué significa ser un «hombre gitano de verdad»?; ¿no nos aproximaríamos más a la cuestión esencial; aunque se nos pudiera acusar de esto y de aquello? El patriarcado que antropológicamente sostiene el gitanismo, no puede obviarse en este tema. La homosexualidad en el mundo gitano viene prohibida doblemente, tanto por la tradición, como por las presiones evangélicas, que actualmente son mucho más contrarias a esa condición sexual que el catolicismo (y ya es decir), si lo comparamos con otra rama del cristianismo, y nos mantenemos en el ámbito de la religión. En cualquier caso, Puños de harina son dos cuentos con moraleja, y como su autor ha querido ser ecuánime en el reparto del tiempo; pues lo que observamos son dos historias distintas, que prácticamente nada tienen que ver, que se resuelven en cuarenta y cinco minutos cada una; y que, por lo tanto, carecen de la longitud necesaria para profundizar hasta donde se debiera. Los dos relatos merecerían una obra «completa» para que pudiéramos aquilatar la controversia. En definitiva, asistimos a un combate de boxeo con veinte asaltos intercalados. Por una parte, se nos narra (hay exceso de narración) la vida de Johann Wilhelm Trollmann (1907-1944), más conocido como Rukeli (en la lengua romanó de los sindi, los gitanos centroeuropeos, ‘árbol fuerte’), gitano alemán y gran boxeador. Sigue leyendo